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   jueves, junio 05, 2003

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Leyendo


Sigo comentando el libro "¿Por qué Creemos?" de Mons. Giaquinta…

Confía, hijo

Jesús actúa cuando hay fe. No actúa cuando no hay fe. ¿Sugestión?
Con toda nuestra psicología, los modernos no sabemos casi nada del espíritu del hombre. Sugestión se da cuando es manejado por otro a pesar de uno mismo y se convierte en un puro resorte movido por energía ajena.

Con la fe sucede en forma muy distinta. Por la fe Jesús obra en ti pero no sin ti. Él no te pide que te adormezcas o que te concentres, ni te roba tu mismidad con eslogans o propaganda sublimizar. Él te pide que te confíes. "¡Confía, hijo!" (Mt. 9, 2). "¡Confía, hija!" (Mt. 9, 22). Como se confía el hijito en el papá. Como se confía la esposa en el esposo.

La confusión entre sugestión y fe era capaz de enojar a Jesús: "¡Generación incrédula! […] ¿Hasta cuándo habré de soportarlos?" (Mc. 9, 19).

¡Pobre máquina humana! Mientras prefiera la sugestión a la fe, su destino fatal será la ansiedad psicológica, la inseguridad social, el terror armado, en un crescendo cuyo clímax no imaginamos. Pero desde ya lo podemos llamar "mundo del miedo". "¿Por qué están con tanto miedo?¿ No tienen fe?" (Mc. 4, 40)


"Todo es posible para quien cree"

"Cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará fe sobre la tierra?" ( Lc. 18, 5)

Que el Hijo de hombre al volver encuentre fe, mucha fe, ese debe ser nuestro m más grande deseo y nuestra lucha. Si así lo hacemos, esa será también nuestra victoria, no importa toda la maldad que se confabule contra la vida. "Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe" (Jn. 5, 4).

"Si ustedes tienen fe y no vacilan, no solo harán lo de la higuera, sino que si aun dicen a este monte, 'quítate y arrójate al mar' así se hará. Y todo cuanto pidan con fe en la oración lo recibirán" (Mt. 21, 21).

La fe pequeña o seminal como la llamó Jesús, es muy diversa de la "poca fe". La primera es como el germen fecundo y provisor llamado a crecer y transformarse en árbol grande. (ver Lc. 17, 5; Mt. 9, 23; Mt. 8, 13; Jn. 14, 12)

La segunda, la "poca fe", es, por definición, deficiente. San Mateo la llamó "oligopistía" (olígos - poco; pístis -fe), una especie de oligofrenia del espíritu. Con esa no se puede lograr nada. (Ver Mt. 17, 19-20)

"Creen por un tiempo, pero a la hora de la prueba desisten" (Lc. 8, 12-13) Es el creyente de conveniencia.

Para el "oligopístico" la fe cristiana es, con frecuencia, un recurso más para medrar en la vida. ¿Se la puede todavía llamar fe? "¿Cómo pueden creer ustedes que aceptan gloria unos de otros y no buscan la gloria que viene de único Dios?" (Jn. 5, 44)

Y ciertamente, cuando la conveniencia se torna inconveniencia, al diablo con la fe cristiana. " Entre los magistrados muchos creyeron en Él. Pero por los fariseos no lo confesaban para no ser excluidos de la sinagoga, porque prefirieron la gloria de los hombres al la gloria de Dios. (Jn. 12, 42-43)

Todos nacemos para la fe. Y si uno está marcado por la oligofrenia del espíritu, puede curarse lanzando un grito desde el fondo del alma. "Al instante gritó el padre del muchacho: '¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!'" (Mc. 9, 24)

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