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Nos acercamos poco a poco del fin del tiempo Pascual, con las fiestas de la Ascención y de Pentecostés.
Después de su Resurección, Jesús se apareció a sus discípulos durante cuarenta días y después subió al Cielo.
La Ascensión de Jesús significa la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios, de donde ha de volver, aunque mientras tanto la esconde a los ojos de los hombres.
La Ascensión de Jesús al Cielo tiene algo que ver con nosotros : Jesucristo, Cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino glorioso del Padre para que nosotros, miembros de su cuerpo, vivamos en la esperanza de estar un día con El eternamente.
Jesucristo, habiendo entrado una vez por todas en el santuario del cielo, intercede cin cesar por nosotros como el mediador que nos asegura permanentemente la efusión del Espíritu Santo.
El día de Pentecostés (al término de las siete semanas pascuales), la Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como Persona divina : desde su plenitud, Cristo, el Señor, derrama profusamente el Espíritu.
En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde ese día el Reino anunciado por Cristo esta abierto a todos los que creen en El : en la humildad de la carne y en la fe, participan ya en la comunión de la Santísima Trinidad. con su venida, que no cesa, el Espíritu Santohace entrar al mundo en los "últimos tiempos", el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado.
Después de Pentecostés, entraremos en la segunda etapa del Tiempo Ordinario que hemos dejado antes de la Cuaresma.
El Tiempo Ordinario es el tiempo de la contemplación del misterio de la salvación en lo cotidiano de nuestros días. Es el tiempo durante el cual Jesucristo nos dice que, donde nada interesante puede suceder y nada hay de extraordinario, es, justamente allí, donde el Señor actúa dentro de nuestros corazones, dentro de nuestras vidas. Como el grano que crece durante el sueño del campesino: no se sabe cuando, pero en algún momento la siembra comienza a dar el fruto esperado.
Vamos a continuar a leer poco a poco, página tras página , esta narración sencilla y depurada de la vida de Cristo. Nos transmite muy pocos discursos de Jesucristo. Es, a partir del relato de sus actividades que recibimos el mensaje-clave de este evangelio : Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Ya tendremos otro medio año para descubrirlo y asimilarlo, hasta el Adviento.
! Que el Espíritu Santo nos llena el corazón de alegria !
"Ir por el mundo y anunciar el Evangelio a toda la creación".
Envió: El Equipo del Evangelio del Día
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