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   sábado, agosto 16, 2003

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Les quiero mostrar


Con esta maravilla, hecha a mano, entre otras cosas, celebramos a María en mi parroquia...
(se se bajan la imagen la van a poder apreciar mejor)

Evangelio

Es la lectura del Evangelio correspondiente a la celebración...

   viernes, agosto 15, 2003

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SIN BROMAS


En contraste con las muchas perversidades y chistes que nos mandamos para reírnos un rato, esto es un poco diferente:
En una reunión de padres de un colegio religioso de Buenos Aires, la maestra preguntó sobre la violencia en la escuela y cómo resolver las situaciones conflictivas: ¿qué hacer frente a la instalación de lo peor de nuestra sociedad dentro del aula? Por último se interrogó a sí misma: ¿cómo Dios puede permitir una cosa así?
Un padre interrumpió y dijo: "Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este hecho, pero durante años hemos estado
diciéndole a Dios que se vaya de nuestras escuelas, que se vaya de nuestro gobierno, de los medios de comunicación, de nuestras universidades, de la política, de los hospitales, que se vaya de todos lados: en definitiva lo echamos de nuestras vidas."
Y siendo tan respetuoso de nuestra libertad, Dios nos obedeció, creo que se ha retirado mansamente. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?"
A la luz de ciertos acontecimientos: ataques de chicos armados a sus profesores, alumnos que van con sevillanas al colegio, colegios destruidos e inundados, funcionarios corruptos que desvían fondos a sus propias cuentas, etc., creo que todo comenzó cuando una diputada se quejó porque no quería que se rezara en las escuelas. Y dijimos que estaba bien Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas. La Biblia dice: no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Y dijimos que estaba bien.
Luego Marcuse y otros dijeron que no debíamos poner límites a nuestros hijos cuando transgreden las normas porque sus personalidades pueden frustrarse y podríamos lastimar su autoestima. Afirmamos que los expertos saben lo que están diciendo. Y dijimos que estaba bien.
Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando transgreden las normas de convivencia.
Los asesores pedagógicos de las escuelas dijeron que más valía que ningún docente o directivo de las escuelas aplicara normas de disciplina a
ningún estudiante porque no queremos publicidad negativa y por supuesto no queremos que nos vayan a demandar (hay una gran diferencia entre disciplinar y golpear, cachetear, humillar, patear, etc.). Y dijimos que estaba bien.
Luego alguien dijo, dejemos que nuestras hijas aborten si quieren. Y dijimos que estaba bien. Luego algún miembro del consejo de administración de las escuelas dijo, ya que los muchachos siempre van a ser muchachos y de todos modos lo van a hacer, démosle a nuestros hijos todos los reservativos que quieran para que puedan divertirse, con nuestras hijas y así ahorramos plata en abortos y de paso "prevenimos" el sida y las enfermedades venéreas. ... Y dijimos que estaba bien.
Luego algunos de nuestros principales funcionarios públicos dijeron que no importa lo que hacemos en privado (sodomizarnos o drogarnos) mientras
cumplamos con nuestro trabajo: "es perverso pero hace", "roba pero hace".
Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos, no me importa lo que la gente hace con su vida privada, incluyendo el Presidente, mientras yo tenga un
trabajo y la economía esté bien.
Luego alguien dijo: dejemos libertad absoluta a la pornografía y neguemos que es una afrenta a la dignidad humana, en especial la de la mujer. Otro
afirmó que Playboy, aparte de tener muy buenos artículos periodísticos,
tiene una óptica sana y realista sobre la belleza del cuerpo femenino. Y dijimos que estaba bien.
Y luego alguien llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de chicos teniendo sexo y las puso en Internet. Y dijimos que estaba bien,
tienen derecho a la libertad de expresión.
Luego la industria del espectáculo dijo: hagamos reality shows por televisión y películas que promuevan la pornografía, la infidelidad, el
hedonismo sin límite, la violencia y el sexo perverso como paradigmas de una sociedad maricona sin valores, donde todo es cuestionable: desde la vida de un inocente hasta el derecho a la privacidad, donde la "cámara oculta" y un imbécil movilero tienen el poder de dirimir sobre la fama y la honra de un indefenso ciudadano. Grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos. Y dijimos, no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que adelante.
Ahora nos preguntamos porqué nuestros hijos no tienen parámetros para distinguir entre el bien y el mal, y porqué no les preocupa matar a
desconocidos, a sus compañeros de escuela, o a ellos mismos.
Si lo pensamos bien y despacio, encontraremos la respuesta.
Creo que tiene mucho que ver con: "LO QUE SEMBRAMOS ES LO QUE RECOGEMOS".
Es curioso cómo la gente simplemente manda a Dios fuera de la historia y luego se pregunta por qué el mundo está en proceso de destrucción.
Es curioso ver cómo creemos lo que dice Clarín, Radio Mitre, Canal 13, Telenoche Investiga (??), Punto DOC, La Nación, Página 12, Canal 9, Canal
2, Crónica TV, Moria Casan y Graciela Alfano opinando sobre lo que le pregunten, Mauro Viale favoreciendo a quien le paga mejor, etc. Pero cuestionamos lo que dice la Biblia.
Es curioso cómo se mandan "chistes" por la red y cunden como reguero de pólvora, pero cuando empezás a mandar mensajes de Dios, la gente lo
piensa dos veces antes de compartirlos.
Es curioso cómo hay artículos lujuriosos, crudos, vulgares y obscenos que circulan libremente por el ciberespacio, pero la discusión de Dios en
público se suprime en las escuelas, los espacios de trabajo y a hasta en el hogar.
¿Te estás riendo? .
Es curioso ver cómo nos preocupa más lo que piensan los demás de nosotros que lo que Dios piensa de nosotros.

Envió: Carlos Cortes - Amigos de Mercabá

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La Asunción de la Virgen María


Explicación de la fiesta

La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.

Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.

También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.

La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su sola la maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.

María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.

En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios y su corazón lo tenía lleno de Dios.

Ella es nuestra Madre del Cielo y está dispuesta a ayudarnos en todo lo que le pidamos.

Un poco de historia

El Papa Pío XII definió como dogma de fe la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma el 1 de noviembre de 1950.
La fiesta de la Asunción es “la fiesta de María”, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida. Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
Este día tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre, María. ?Qué bien supo Ella corresponder a éstas! Por eso, por su vivencia de las virtudes, Ella alcanzó la gloria de Dios: se coronó por estas virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro en su vida y la fuente de su grandeza. Pero Dios no la coronó por su maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre y su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento a Dios.
María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.

Sugerencias para vivir la fiesta:



Tener una imagen de la Virgen María en el momento de la Asunción y poner junto de ésta un florero para repartir una flor con un letrero de una virtud propia de la Virgen para que cada uno medite en esta virtud y deposite la flor.

Coronar a la virgen María poniéndole una corona y explicando al mismo tiempo por que llegó al Cielo en cuerpo y alma.

Llevar y ofrecer flores a la Virgen.
Rezar el Rosario en familia con mucha devoción.

Cantar la canción a la Virgen María “¿Quién será esa mujer?
Sigue consultando sobre la Asunción de la Virgen María

NOTA:

Con ocasión de la celebración de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, en la Biblioteca Electrónica Cristiana -BEC- de Ve multimedios
han preparado un especial en la sección de mariología.

Allí encontrarán documentos como:
  • S.S. Pío XII, Constitución Apostólica Ad caeli reginam, sobre la realeza de María, 11/10/1954.

  • S.S. Pablo VI, Exhortación Apostólica Marialis cultus, sobre el culto y la devoción a la Virgen María, 02/02/1974.

  • S.S. Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris Mater, sobre la Madre del Redentor, 25/04/1987.

  • S.S. Juan Pablo II, La Asunción de María, verdad de fe, Catequesis en la audiencia general, 02/07/1997.

  • Fray Luis de León, Poesías a Nuestra Señora


    Fuente: Teresa Fernández - Catholic.net

  •    jueves, agosto 14, 2003

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    Bodas de plata episcopales de monseñor Montes


    Lomas de Zamora, AGO 14 (AICA): Mañana, a las 19, monseñor José María Montes, obispo emérito de Chascomús, presidirá una concelebración eucarística para dar gracias a Dios por sus 25 años de consagración episcopal. La misa tendrá lugar en el templo parroquial del Sagrado Corazón de Jesús (Lucio Vicente López 755, tel. 4244-1478) de Témperley, en donde actualmente se desempeña -un caso excepcional- como párroco.

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    Mañana, 15 de Agosto, celebramos


    MARIA, MADRE DE CRISTO, MADRE DE LA IGLESIA
    (CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA : Capitulo III, Párrafo 6, 965 a 975.)

    Totalmente unida a su Hijo...

    El papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella. Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte . Se manifiesta particularmente en la hora de su pasión.

    Después de la Ascensión de su Hijo, María estuvo presente en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones.
    Reunida con los apóstoles y algunas mujeres, María pedía con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación la había cubierto con su sombra.


    También en su Asunción, ella es Nuestra Madre en el orden de la Gracia

    Al pronunciar el "FIAT" (="HÁGASE") de la Anunciación y al dar su consentimiento al Misterio de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe llevar a cabo su Hijo. Ella es madre allí donde El es Salvador y Cabeza del Cuerpo místico.

    Por su total adhesión a la voluntad del Padre, a la obra redentora de su Hijo, a toda moción del Espíritu Santo, la Virgen María es para la Iglesia el modelo de la fe y de la caridad. Colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador por su fe, esperanza y ardiente amor, para restablecer la vida sobrenatural de los hombres. Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia.

    Esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el consentimiento que dio fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la realización plena y definitiva de todos los escogidos. En efecto, con su asunción a los cielos, no abandonó su misión salvadora, sino que continúa procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna... Por eso la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.


    La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y elevada al trono por el Señor como Reina del universo. En el cielo participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de los demás cristianos.
    La misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia. En efecto, todo el influjo de la Santísima Virgen en la salvación de los hombres ... brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia.

    "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48).
    La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano. Desde los tiempos más antiguos, se venera a la Santísima Virgen con el título de 'Madre de Dios', bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades... Este culto... aunque del todo singular, es esencialmente diferente del culto de adoración que se da al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo, pero lo favorece muy poderosamente; encuentra su expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oración mariana, como el Santo Rosario, síntesis de todo el Evangelio.

    La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el Pueblo de Dios en Marcha, como señal de esperanza cierta y de consuelo.


    Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo ejercitando su oficio materno con respecto a los miembros de Cristo.

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    Hoy celebramos


    San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir (1894-1941)

    Nació en 1894 en Zduska-Wola, en la Polonia central. Desde pequeño sintió una gran devoción por la Virgen. Vistió el hábito franciscano en Lwow. Estudió en Cracovia y en Roma, siendo en esta última ciudad donde fue ordenado sacerdote.
    Vuelto a Polonia unió una gran actividad a una profunda vida interior.
    Encendido en el amor a la Madre de Dios, fundó la asociación piadosa de la "Milicia de Ma. Inmaculada" que propagó con entusiasmo. Misionero en el Japón, se esforzó por extender la fe cristiana bajo el auspicio y patrocinio de la misma Virgen Inmaculada.

    El P. Kolbe estaba ya maduro para los planes de Dios... su libertad apostólica molestaba a los nazis que ocupaban Polonia desde 1939. Es detenido y recorre varios campos de Mathausen, Auschwitz, pasando éste último por ser el más terrible de los "lager" nazis, llamándosele el "Campo de la Muerte" y, según el Papa Juan Pablo II, "el gran Gólgota del mundo contemporáneo". Es ahí donde el P. Kolbe ofrece su vida en holocausto de caridad por la libertad de Francisco Gajowniczek, padre de familia. Muere el 14 de agosto de 1941.

    Fue beatificado por el Papa Paulo VI, en 1971. Hubo en la beatificación un testigo de excepción: el ex-sargento Francisco Gajownizek, por quien el nuevo Beato había realizado el acto supremo de ofrecer su vida. El P. Kolbe fue canonizado por el Papa Juan Pablo II, el 10 de octubre de l982.

    Nota:
    Hace unos días y a raiz de una nota sobre los dogmas, mantuve un debate con Javier.
    En el Javier se mostraba muy crítico de la actitud de la Iglesia en la historia de la humanidad...
    Tratando de mostrarle que no todos eran errores y malas actitudes, le mencioné el ejemplo dado por el padre Kolbe.
    En cuanto a lo comentado en el debate, solo me queda por agregar las palabras del Evangelio de Hoy
    El que quiera entender que entienda

       miércoles, agosto 13, 2003

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    La doctrina social de la Iglesia en Internet


    Roma, AGO 13 (AICA): Una presentación temática de los principales textos del magisterio de la Iglesia sobre doctrina social ya está disponible para ser consultada en Internet. Se trata de la edición digital de la "Agenda social: Una colección de textos magisteriales", que publicó el 28 de abril de 2000 el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz en castellano, portugués, inglés, francés, alemán, italiano y polaco. Poco antes de su muerte, el entonces presidente del Consejo Pontificio, cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân, expresó el deseo de que este texto fuera más ampliamente difundido a todo el mundo. En respuesta a ello, "La Agenda Social" está ahora disponible en www.thesocialagenda.com/español/index.

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    EL LOCO


    En un jardín del manicomio conocí a un hermoso joven de rostro pálido y encantador.
    Sentándome a su lado en un banco le pregunté:
    "?Por qué estás tu aquí?"
    Mirándome extrañando me contestó:
    "Es ésa una pegunta inapropiada, pero no obstante la contestaré.

    Mi padre quiso hacer de mi una copia de él; lo mismo ocurrió con mi tío.
    Mi madre pretendía que fuera la imagen de su padre.
    Mi hermana me señalaba a su esposo, navegante, como el modelo de perfección a seguir.
    Mi hermano, excelente atleta, pensaba que yo deba de ser como él.
    Y también mis profesores, el doctor en filosofía, en música y en lógica, fueron tajantes pretendiendo que fuera reflejo de su imagen en un espejo.

    Por eso vine aquí. Me pareció más sano.

    "Por lo menos podré ser yo mismo."

    Luego se volvió hacia mí y dijo:
    "Y dime tú ahora, ?viniste hasta este lugar guiado por la educación y los buenos consejos?"
    Yo conteste:
    "No, sólo soy un visitante."
    Y él contestó:
    "?Ah, eres uno de los que vive en el manicomio, pero al otro lado de la pared?".

    Autor: Jalil Gibrán
    Envió: Constanza - Amigos de Mercabá

       martes, agosto 12, 2003

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    La película de Santa Teresa de Lisieux...


    En Sweet Rome la estan mostrando ahora...

    Acá te la mostramos antes (hace ya 1 mes)
    De todas maneras, igual que mi colega Alberto, te ofrezco, otra ves el link para que veas los avances y depaso te suscribas a la misma ya que se están juntando firmas Para que la película logre ser estrenada este año...(ver nota)

       lunes, agosto 11, 2003

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    El sufrimiento... ¿Es un castigo de Dios?


    La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves en la vida humana. En la enfermedad el hombre experimenta su impotencia, sus límites, y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (Catecismo de la Iglesia Católica, 1500). La enfermedad puede conducirnos a la angustia, al repliegue sobre nosotros mismos, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Pero también puede hacer a la persona más madura y ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial, para volverse hacia lo que sí lo es (Catecismo de la Iglesia Católica, 1501).

    El sufrimiento y el dolor pueden ayudarnos a crecer como personas, a superarnos y a madurar. Si preguntamos a los que están a nuestro alrededor cuáles han sido las experiencias que les han hecho ver la vida con más realismo y serenidad, veremos que han sido situaciones de problemas o dificultad en su mayoría.

    Las personas que han sufrido más suelen ser maduras, realistas y centradas. El sufrimiento provoca una madurez en el ser humano y en la forma de ver la vida.

    Para alcanzar la madurez humana tenemos que aprender a aceptarnos a nosotros mismos con todo lo que somos y lo que nos rodea: lo bueno y lo malo, lo agradable y lo doloroso, lo cómodo y lo molesto, etc. Con una actitud optimista y positiva ante la vida, el sufrimiento puede convertirse en el motor de nuestra superación y madurez personal. Si tomamos una actitud de desesperación y pesimismo, el sufrimiento puede llegar a hundirnos.

    En el Nuevo Testamento, el Evangelio de Marcos dice "La mujer que padecía flujo de sangre, ya desde hacía 12 años, que había sufrido mucho con muchos médicos, y que había gastado todos sus bienes sin provecho alguno antes bien yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto pues decía: ’si logro tocar aunque sea sólo sus vestidos me salvaré’. Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal". (Mc 5,25)

    Ésta es la realidad, también, que debemos vivir los cristianos. La enfermedad nos debe hacer buscar y volver a Cristo. Buscar, encontrar a Cristo y tocarle; experimentar la vida, que es Él mismo. Para que el sufrimiento sea realmente instrumento de bien para nuestra salvación, para que nos salvemos, necesitamos esta dimensión sobrenatural.

    Para profundizar: Salvici Doloris, Carta apostólica sobre el sufrimiento humano

    ¿Por qué existe el mal, el dolor, la enfermedad? Con mucha frecuencia el sufrimiento nos empuja a la búsqueda de Dios, a un retorno a Él y ésto sucede precisamente por experimentar en nosotros nuestra debilidad, nuestra pequeñez, nuestra pobreza como seres humanos que nos lleva a darnos cuenta de la necesidad que tenemos de Dios, de nuestra impotencia y de los límites de nuestro ser. Por lo tanto, necesitando a Dios volvemos hacia Él.

    El sufrimiento debe ayudarnos a acercarnos a Dios. Así que, cuando encontramos a una persona que sufre debemos ayudarle a reconocer en su vida lo que Dios ha hecho, y lo que Dios puede ir realizando en el. Incluso, ¿por qué no? hacia la esperanza de recobrar la salud, cuando el sufrimiento es debido a una enfermedad, pues los milagros sí existen. Nosotros, como cristianos, debemos ayudar a los enfermos a vivir su enfermedad de un modo cristiano, ofreciendo sus incertidumbres, sus dificultades ante el dolor.

    Algunas personas piensan que el sufrimiento es un castigo de Dios por nuestros pecados.

    Los discípulos de Jesús, al curar al ciego de nacimiento, le preguntaron quién había pecado, si el ciego de nacimiento o sus padres, Jesús les respondió: "Ni él pecó ni pecaron sus padres, es para que se manifiesten en él las obras de Dios’"(Jn 9,2).

    Aquí tenemos una realidad de la vida humana incluso desde los tiempos antes de Jesús: el concepto de la enfermedad como un castigo de Dios. Por eso los apóstoles pensaron que este señor, aunque nació ciego, de alguna forma habría pecado. ¿Cómo es posible que un bebé, que un niño, todavía no nacido, pueda pecar? Y si no puede pecar, ¿cómo es que tuvo la ceguera? ¿como castigo de Dios?

    Jesús deja claro que no es por haber pecado que hay enfermedades, sino para que se manifiesten las obras de Dios en las personas. La enfermedad y la muerte son grandes oportunidades para unirnos a la misión salvadora de Cristo, quien asumió el sufrimiento volviéndolo instrumento de amor, de redención, de testimonio del amor del Padre.

    Autor: P. Clemente González -Catholic.net

    La infalibilidad pontificia

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    También la publiqué ayer pero Blogger no me dejó

    Hola, amigos:

    Los Papas han tenido el carisma de la infalibilidad desde el principio del cristianismo, y no sólo a partir del Dogma de la Infalibilidad.

    Breve preartículo


    Después de haber visto el tema de los dogmas de fe católicos en el artículo anterior de esta serie, "Investigación teológica", y de comprender que los dogmas de fe no son inventados por los Papas, sino verdades reveladas por Dios, trataremos ahora del Dogma de la Infalibilidad Pontificia. Comencemos por transcribir el texto correspondiente:
    "Así, pues, Nos, siguiendo la tradición recogida fielmente desde el principio de la fe cristiana, para gloria de Dios Salvador nuestro, para exaltación de la fe católica y salvación de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que el Romano Pontífice, cuando habla ex cátedra ¿esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe o las costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal?, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe o las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia"(Concilio Vaticano I, Denz., nn. 1839-1840; Denz.-Sch., nn. 3073-3075).

    Este dogma fue proclamado por el Papa Pío IX, con aprobación del Concilio Vaticano I, en 1870. En realidad no hace otra cosa que definir el sentido preciso de la doctrina cristiana en lo que se refiere a la infalibilidad del magisterio de los sucesores de Pedro, que son los Papas.

    Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si previamente se han leído los anteriores, que pueden encontrarse activando el siguiente vínculo:

    Investigación teológica


    Cuerpo del artículo

    No son pocos, incluidos muchos católicos, los que piensan que los Papas son infalibles a partir de la proclamación del Dogma de la Infalibilidad Pontificia. Sin embargo no es así; los Papas siempre han gozado del carisma de la infalibilidad, desde que son Papas. La infalibilidad no les ha sido otorgada por el dogma correspondiente, sino por Dios.

    De no ser así, sería el Papa Pío IX quien, al definir el Dogma de la Infalibilidad, se habría dado la infalibilidad a sí mismo, y también a sus sucesores. En tal caso habría que sostener que los Papas anteriores a Pío IX habrían carecido del carisma de la infalibilidad. Y peor aun, en la doctrina católica ¿dogmática!? habría un círculo vicioso del pensamiento. Veámoslo con mayor detalle.


    Proclamar dogmas es ejercicio magisterial en la Iglesia

    Los dogmas no "crean" verdades nuevas, sino que dan a conocer el sentido preciso de las verdades que están contenidas en el Depósito de la Revelación, que es inalterable después de la muerte de los Apóstoles. El Magisterio de la Iglesia va luego profundizando, poco a poco, en el conocimiento del Depósito y va dando a conocer a los fieles el sentido preciso de las verdades reveladas que ahí se contienen, como se aprecia en el siguiente texto:
    "Los Romanos Pontífices, por su parte, según lo persuadía la condición de los tiempos y de las circunstancias, ora por la convocación de Concilios universales o explorando el sentir de la Iglesia dispersa por el orbe, ora por sínodos particulares, ora empleando otros medios que la divina Providencia deparaba, definieron que habían de mantenerse aquellas cosas que, con la ayuda de Dios, habían reconocido ser conformes a las Sagradas Escrituras y a las tradiciones Apostólicas; pues no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe. Y, ciertamente, la apostólica doctrina de ellos, todos los venerables Padres la han abrazado y los Santos Doctores ortodoxos venerado y seguido, sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de sus discípulos: Yo he rogado por ti, a fin de que no desfallezca tu fe y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos [Lc. 22, 32]" (Concilio Vaticano I, Denz., n. 1836; Denz.-Sch., n. 3070).

    La proclamación de un dogma tan sólo garantiza, con la fuerza de la infalibilidad, que la verdad proclamada o definida dogmáticamente está contenida ¿implícita o explícitamente? en el Depósito de la Revelación. Si los dogmas proclamaran verdades nuevas la proclamación de la infalibilidad arrastraría un círculo vicioso, porque no podría proclamarse infaliblemente el Dogma de la Infalibilidad, precisamente porque antes de proclamarlo no se gozaría todavía de dicha infalibilidad, lo cual haría ilegítima su proclamación.

    Si ha sido posible proclamar el Dogma de la Infalibilidad, es porque se ha gozado de tal infalibilidad desde antes de su proclamación, desde el principio de la Iglesia. La razón de ello es que si los Papas no gozaran del carisma de la infalibilidad las promesas de Cristo quedarían incumplidas. Nuestro Señor nos enseñó que la salvación eterna se pone en serio peligro por dos motivos importantes. En concreto, nos hizo las dos siguientes severas advertencias:
    En lo que se refiere a la fe: "El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará" (Marcos 16, 16).

    En lo que se refiere a las costumbres: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los Cielos" (Mateo 7, 21).

    Las enseñanzas de Cristo son muy claras; la fe y las costumbres son decisivas para salvarse y poder entrar en el Reino de los Cielos. Si Pedro o sus sucesores pudieran fallar, como supremos Pastores de la Iglesia, al enseñar estos dos caminos básicos que conducen a la salvación, Cristo no habría cumplido su promesa de asistirlos hasta el fin del mundo (cfr. Mateo 28, 20), y las puertas del Infierno habrían prevalecido contra la Iglesia.


    Análisis del Dogma de la Infalibilidad Pontificia

    Al revisar el texto del dogma que nos ocupa encontramos tres cosas de gran interés. En primer lugar, las circunstancias en las que el Papa es infalible, es decir, cuando habla ex cathedra: definiendo que determinada doctrina debe ser creída, como supremo Pastor de la Iglesia universal, en materia de fe o de costumbres. A partir de este momento queda consagrada la expresión ex cátedra a fin de describir la circunstancias requeridas para la infalibilidad pontificia.

    El texto del Dogma también aclara que la infalibilidad proviene de "la asistencia divina"; es decir, que la infalibilidad no es una propiedad personal del Papa, sino una asistencia que Dios le da en determinadas circunstancias, a saber: "en la definición de la doctrina sobre la fe o las costumbres", esto es, la que atañe a la salvación de los fieles.

    El texto finalmente aclara que por voluntad divina ¿"el Redentor divino quiso"? el destino de la infalibilidad es la Iglesia, a la cual llega a través del sucesor de Pedro. Por tanto, la infalibilidad papal no es para beneficio personal del Papa, ni de un pequeño grupo de personas, sino para beneficio de toda la Iglesia. Hagamos un desglose de las condiciones requeridas por este dogma, a fin de que tenga lugar la infalibilidad pontificia:

  • Cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos. Como pastor, el Papa conduce al rebaño de todos los cristianos a la salvación eterna; como doctor, les enseña la doctrina de la salvación. Es necesario, pues, que el Papa enseñe a todos los cristianos alguna doctrina referente a la salvación de todos; es decir, que se dirija a la Iglesia universal enseñando alguna doctrina que se refiera a la salvación de la Iglesia universal.

  • Por su suprema autoridad apostólica. El Papa tiene esta suprema autoridad en su función de sucesor de Pedro, o sea, ejerciendo el poder supremo de atar y desatar que le dan las llaves del Reino de los Cielos, gracias al cual está constituido como el Guardián de la Iglesia a fin de que las puertas del Infierno no prevalezcan contra Ella. En las definiciones dogmáticas el Papa empeña toda la autoridad que tiene sobre la Iglesia universal.

  • Define... una doctrina. Se trata de un acto magisterial, docente, por el que se define una doctrina. No se trata, por tanto, de un acto disciplinar o de gobierno, sino de la enseñanza de una doctrina destinada a comunicar una verdad. Y esa doctrina es definida, esto es, precisada y delimitada en su significación y alcances.

  • Sobre la fe o las costumbres. La doctrina que se define debe versar sobre la fe o las costumbres, es decir, sobre una cosa o la otra o ambas. La doctrina que se define debe versar, por tanto, sobre aquellas cosas que todos los cristianos deben creer o que deben hacer a fin de conseguir la vida eterna. Las cosas que todos los cristianos deben creer tienen que ser verdades; pero las cosas que deben hacer no tienen que ser verdades. Sin embargo, toda doctrina que se defina sobre las cosas que todos los cristianos deben hacer, también tiene que ser expresada en forma de verdad, a fin de que pueda ser creída.

  • Debe ser sostenida por la Iglesia universal. El texto se refiere a la doctrina que se define, como a una doctrina que debe ser sostenida ("tenendam"). Es claro que tal doctrina debe ser creída; sin embargo, el texto no dice creída, sino sostenida o mantenida, indicando así que debe ser creída vitalmente, o creída y vivida. El texto se refiere a una doctrina que debe ser creída, pero con las características propias de la fe católica, es decir, que tienda a manifestarse en obras de vida. Además, la doctrina se define para que sea sostenida por la Iglesia universal. No se trata, pues, de una doctrina que obligue a unos pocos, sino a toda la Iglesia.
  • Irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia. El hecho de que las definiciones del Romano Pontífice sean irreformables por sí mismas indica que se trata de proposiciones verdaderas y respecto a las cuales no hay posibilidad de error o de falibilidad. Esto es así porque todas las verdades tienen la propiedad de ser por sí mismas irreformables y eternas, ya sea en su contingencia o en su necesidad. Por ejemplo, la verdad necesaria Dios existe, es por sí misma eterna e irreformable en su necesidad, porque siempre ha sido y siempre será verdad que Dios existe. Pero también la verdad contingente Judas traiciona a Cristo, es por sí misma eterna e irreformable, aun en su contingencia, porque siempre ha sido y siempre será verdad que Judas traiciona a Cristo. Si las verdades contingentes no fueran eternas e irreformables hasta siempre, no podrían profetizarse; y si no fueran eternas e irreformables desde siempre, no podría hacerse historia de ellas.

  • Es muy importante notar que las verdades definidas dogmáticamente no se convierten en necesarias en virtud de la definición, sino que siguen teniendo el mismo carácter de necesidad o contingencia que siempre habían tenido. La infalibilidad consiste, precisa y simplemente, en la asistencia divina para enseñar una verdad ¿necesaria o contingente? sin posibilidad de errar.

    El texto aclara que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables, pero no por el consentimiento de la Iglesia; consentimiento en el que debe incluirse al Papa mismo, ya que la verdad definida no depende de su consentimiento; todo lo que depende de su consentimiento, con la asistencia divina, es la proclamación o acto de definir. El hecho de que las definiciones del Romano Pontífice no dependan del consentimiento de la Iglesia es una simple aclaración derivada del hecho de que son irreformables por sí mismas.


    Presencia de la infalibilidad en la historia de la Iglesia

    Lo importante de todo esto es que las definiciones dogmáticas del Romano Pontífice son absolutamente definitivas, en el sentido de que comprometen a la Iglesia misma hasta el grado de que si tan sólo una de tales definiciones resultara ser falsa, las puertas del Infierno habrían prevalecido contra la Iglesia, Cristo habría incumplido sus promesas y, como consecuencia, no sería Dios. La única excepción sería que una definición falsa fuera dada justo antes de la segunda venida de Cristo, y que Él llegara a desmentirla.

    De otra parte, es un hecho histórico que el Dogma de la Infalibilidad Pontificia no es el primer dogma que se proclama en la Iglesia. Y lo dicho en este dogma ha sido verdad también para los tiempos pasados. Los Papas han sido infalibles siempre que se han reunido las condiciones que hoy describimos con la expresión ex cathedra, aunque esta expresión no se usara en otros tiempos.

    Esta verdad ha sido reconocida incluso después del Concilio Vaticano I, en concreto por el Concilio Vaticano II, haciendo mención explícita de definiciones dogmáticas hechas desde los primeros siglos del cristianismo:
    "Y se ha de estimar como es debido el hecho de que los dogmas fundamentales de la fe cristiana sobre la Trinidad y el Verbo de Dios encarnado de la Virgen María hayan sido definidos en los Concilios ecuménicos celebrados en Oriente" (Concilio Vaticano II, Unitatis redintegratio, n. 14).

    Después del Concilio Vaticano I no es difícil reconocer la proclamación de un dogma; pero en el pasado no fue tan sencillo, porque las formulaciones no eran siempre tan claras como las de hoy. De hecho, en algunos documentos del pasado se hace necesario discernir la presencia de las condiciones requeridas para la infalibilidad, lo mismo que la manifestación de la intención de definir dogmáticamente. De cualquier modo, el hecho es que los Papas siempre han sido infalibles en lo requerido para salvaguardar las promesas hechas por Cristo.

    Autor: Paulino Quevedo - Catholic.net

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    Avance de La Pasión en Internet

    La publiqué ayer pero Blogger no me dejó

    Desde ahora puede ver un avance de la película La Pasión de Mel Gibson en el sitio oficial del film en español http://www.la-pasion.com

    La Diferencia es que aquí se encuentra una versión ejecutable (No necesita ningún programa especial para verse) de la película que mostramos antes.

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