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La Perícopa
El falso profeta al servicio de la Bestia (Ap 13,11-18)
Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia, o con la cifra de su nombre. ¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666.
Delimitación
Contexto Inmediato
La perícopa de "El falso profeta al servicio de la Bestia" está delimitada por las perícopas "El Dragón transmite su poder a la Bestia" (12,18-13,10) y "El acompañamiento del Cordero" (14,1-13).
El Dragón transmite su poder a la Bestia 12,18-13,10
En esta perícopa Juan ve surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. La bestia del mar era semejante a un leopardo con patas de osos y fauces de león, y recibió del Dragón su poder y su trono y gran poderío. (cfr 13,1-3). La gente se postra ante el Dragón y la bestia, a quien alaban (cfr 13,4-8). Juan concluye advirtiendo "El que tenga oídos, oiga. El que a la cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de morir. Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos (13, 9-10).
"El mar" es en la literatura oriental, un elemento asociado con el caos, con el abismo, con la rebelión. La descripción de la bestia es similar a la visión de las cuatro bestias de Dn 7,3-8. Al ubicar el texto en su contexto histórico, lo más coherente es relacionar esta bestia que surge del mar con el Imperio Romano, de gran poderío y avasalladora extensión, y prototipo de todos los poderes que se levantarán contra la Iglesia a través de los siglos.
Los diez cuernos y las diez diademas representan a diez reyes romanos. Las siete cabezas con títulos blasfemos simbolizan a siete emperadores. Hay que notar que las cifras usadas son símbolo de la totalidad.
El poder de la Bestia se extiende sobre toda raza, pueblo, lengua y nación, y le viene del Dragón. De la misma forma el Imperio Romano se va extendiendo cada vez más. El versículo tres menciona una cabeza herida de muerte, pero sanada, lo cual puede ser una alusión a un momento determinado en que el Imperio Romano se vio en peligro, pero subsistió. Otros autores prefieren entender aquí un símil con la leyenda según la cual Nerón, después de suicidarse, regresaría a tomar el poder sobre Roma.
La Bestia profiere con su boca blasfemias contra Dios, hace la guerra a los santos, es adorada por todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no están escritos, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. El Imperio Romano perseguía ardientemente a los cristianos por el hecho de que éstos, por su única fe en Cristo Jesús, se negaban a dar culto tanto al Imperio como al César.
Esta situación de rechazo a Dios y cruel persecución requiere "la paciencia y la fe de los santos".
Entender que esta bestia del mar representa al Imperio Romano, es quizás la pista más sólida para entender a la segunda bestia, surgida de la tierra, como explicaré en su momento.
El acompañamiento del Cordero (14,1-13)
En esta perícopa Juan encuentra un cordero sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevan escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.
Una interpretación fundamentalista y errónea de este número, como la que proponen los Testigos de Jehová, pretende asegurar que solamente 144,000 almas iran al cielo. Nada más equivocado.
A los partidarios de la Bestia, marcados con su nombre, Juan opone los seguidores del Cordero, agrupados de forma simbólica en el Sión, Jerusalén, la ciudad Santa elegida por Dios. Ellos representan al nuevo Israel. El número 144,000 equivale a 12 x 12 x 1000, que significa la exageración de un número que representa totalidad, y no una cantidad como tal. Habla de los rescatados, es decir, de los que han alcanzado la salvación. Las cualidades de estos rescatados según la perícopa son: hombres que no se han manchado con mujeres, son vírgenes; siguen al Cordero adondequiera que va; han sido rescatados de entre los hombres; son primicias para Dios y para el Cordero; no se halló en su boca falsedad; no tienen mancha (cfr Sal 30). Es significativo el hecho de que son "primicias", por lo que se puede pensar que no se trata en este caso de todos los redimidos, sino de un grupo representativo. Probablemente, aquellos que ya han dado su vida por la fe.
Contexto Inmediato
La perícopa en cuestión está contenida en la primera parte, "Los Preliminares del "Gran Día" de Dios" del segundo título del Apocalipsis, "Las Visiones Proféticas", que está conformado por las siguientes perícopas:
Dios entrega al Cordero los destinos del mundo (4 – 5) El Cordero rompe los siete sellos (6) Los servidores de Dios serán preservados (7,1-8) El triunfo de los elegidos en el Cielo (7,9-17) El séptimo sello (8,1) Las oraciones de los santos apresuran la llegada del Gran Día (8,2-5) Las cuatro primeras trompetas (8,6-13) La quinta trompeta (9,1-12) La sexta trompeta (9,13-21) Inminencia del castigo final (10,1-7) El librito devorado (10,8-10) Los dos testigos (11,1-13) La séptima trompeta (11,14-19) Visión de la Mujer y del Dragón (12,1-17) El Dragón transmite su poder a la Bestia (12,18-13,10) El falso profeta al servicio de la Bestia (13,11-18) El acompañamiento del cordero (14,1-13) La siega y la vendimia de las naciones (14,14-20) El cántico de Moisés y del Cordero (15,1-4) Las siete plagas de las siete copas (15,5 – 16,21)
Personajes
Juan
El autor del Apocalipsis se da a conocer como Juan (1, 1.4.9; 22,8), un hombre que debido a su fe cristiana sufría el exilio en la isla de Patmos, una colonia penal de Roma. Pese a su nombre, es difícil pensar que el autor de este libro es Juan el Apóstol, o el mismo (o los mismos) autor del cuarto Evangelio o de las cartas joaninas. Él mismo no habla de sí como del apóstol ni como autor de estos textos. Algunos Padres de la Iglesia lo identificaron con el apóstol, seguramente por la afinidad del nombre, incluyendo a Justino, Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano e Hipólito. Sin embargo, otros como Eusebio de Cesarea, Cirilo de Jerusalén e incluso Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo, negaron este hecho. El vocabulario, la gramática y el estilo hacen dudoso que el Apocalipsis fuera compuesto por las mismas personas responsables de los demás textos neotestamentarios firmados por "Juan". Por otro lado, existen similitudes lingüisticas y afinidades teológicas con el cuarto evangelio que hacen suponer que el autor del último libro de la Biblia bien pudiera haber sido discípulo de Juan el Apóstol.
En esta perícopa, Juan se muestra como el receptor de una nueva visión donde contempla la segunda Bestia.
La primera Bestia
Como he explicado anteriormente, el autor del Apocalipsis representa con el símbolo de la Bestia surgida del mar al Imperio Romano.
La segunda Bestia
Surgida de la tierra, a partir de esta perícopa, el Apocalipsis se habrá de referir a ella como "El falso profeta", que está al servicio de la primera Bestia, es decir, del Imperio Romano.
Los habitantes de la tierra
Todos los habitantes de la tierra son seducidos por la Bestia.
Aquellos que no adoran a la primera bestia Entendiendo que la primera bestia es el Imperio Romano, resulta evidente que aquellos que no adoran a la primera bestia son los cristianos, quienes desacataban el mandato del Culto Imperial que implicaba adorar al "Divus Caesar" y a la "Dea Roma".
El hombre inteligente
Así califica Juan al que logre calcular la cifra de la Bestia.
Interpretación de la Perícopa
Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. El cuerno es símbolo de autoridad en el Apocalipsis. Vemos que aquél que está simbolizado por la Bestia de la tierra tenía dos cuernos, es decir, se trataba de alguien con suma autoridad.
Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Comprendiendo que la primera Bestia es el Imperio Romano, es fácil entender que la segunda Bestia es el símbolo apocalíptico de un ministro de Roma, y que como explicaba recientemente, era alguien que tenía la suma autoridad. Podemos pensar pues, que se trata de un emperador. Un emperador que tenía la misión del Imperio de asegurar su legendaria extensión territorial "haciendo que la tierra y todos sus habitantes adoren a la primera Bestia".
Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; Notamos aquí una señal de alerta contra las seducciones de la idolatría, según la segunda redacción de la Ley de Moisés. El Deuteronomio ordena que si surge un profeta que propone una señal o un prodigio, y pide ir en pos de otros dioses desconocidos a servirles, este profeta no debe ser escuchado (cfr Dt 13,2-4). Cristo mismo previene sobre la venida de estos falsos profetas que arrastran a sus seguidores a la perdición (cfr Mt 24,24). Es interesante notar que esta prevención (y predicción) de Cristo está contenida nada menos que en su Discurso Escatológico, es decir, en un texto eminentemente apocalíptico. Lo mismo en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, donde Pablo anticipa que la venida del "Impío" estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros y prodigios. Todo tipo de maldades acabarán por seducir a los que no han aceptado el amor de la verdad salvadora (cfr 2 Ts 2,9-10). Otro pasaje apocalíptico. Resulta evidente el paralelo entre estos tres pasajes y este versículo del Apocalipsis.
y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. El Espíritu de Dios era el que realizaba prodigios en la Iglesia para provocar la fe en Cristo; la segunda Bestia imita al Espíritu, como la Serpiente y la primera Bestia imitan al Padre y al Hijo. Así pues, el Dragón, la primera y la segunda Bestia son una caricatura antitética de la Trinidad: Padre-Hijo-Espíritu Santo y Dragón-Primera Bestia-Segunda Bestia.
Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. Los cristianos siempre rechazaron el culto al Imperio y al César. Vemos aquí que la segunda Bestia exterminaba a los cristianos, era un fuerte perseguidor de ellos. Esto va dando luz a la deducción de su nombre. Se trata pues de un emperador romano que persiguió encarnizadamente a los cristianos.
Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, El tatuaje en la mano y en la frente hace pensar en el "culto imperial". Más adelante un ángel advertirá que el que se haga la marca en frente o en la mano, habrá de beber del vino del furor de Dios (cfr 14,9). Igualmente, sobrevendrá una úlcera maligna sobre los que se han hecho la marca (cfr16,2). Y cuando la Bestia sea capturada, será arrojada viva junto con los que se hicieron la marca en el lago del fuego que arde con azufre (cfr 19,20). Sin duda, todos estos son simbolismos, pero resulta obvio lo deplorable de la actitud de aquellos que optan por seguir a la Bestia. Por el contrario, todos los que no adoraron a la Bestia ni se hicieron la marca en la mano ni en la frente, es decir, los que no hicieron obras acordes con la Bestia, ni la aceptaron con su mente ni su actitud, revivieron y reinaron con Cristo mil años (cfr 20,4).
y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia, o con la cifra de su nombre. El no llevar la marca de la Bestia es motivo de privación de las actividades cotidianas en el Imperio Romano, y peor aún, es motivo de privación de derechos jurídicos y civiles.
¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666. En lugar de dar el nombre de la Bestia, Juan utiliza una cifra, 666, y explica que hay que calcularla. Para sumar 666, existe una gran cantidad de combinaciones. La base de la que hay que partir para hacer este cálculo, es el hecho de que en griego y en hebreo las letras del alfabeto tienen valor numérico, pues estas lenguas carecían de numerales. La opinión más aceptada entre los exégetas, y con la cual coincido personalmente, es que Juan se refiere a Nerón, dado que su nombre en hebreo es NRWN QSR (Nerón César), recordando que en el hebreo no se escriben vocales entre las consonantes (y los puntos vocales, que de cualquier forma no tienen valor numérico, fueron adaptados varios siglos después de la escritura del Apocalipsis), y las equivalencias numéricas son:
Nombre Nun - Equivalente N - Valor..........50 Nombre Resh - Equivalente R - Valor......+ 200 Nombre Waw - Equivalente W - Valor.........+ 6 Nombre Nun - Equivalente N - Valor........+ 50 Nombre Qoph - Equivalente Q - Valor......+ 100 Nombre Samekh - Equivalente S - Valor.....+ 60 Nombre Resh - Equivalente R - Valor......+ 200 SUMA:....................................= 666 En griego, la suma da 616, por lo que algunas versiones de la Biblia, muy pocas, utilizan esta otra cifra. En tal caso 616 no significa "Nerón César", sino "Dios César". Como sea, todo parece coincidir con mucha fuerza para confiar en que el pasaje se refiere a Nerón, uno de los más acérrimos perseguidores de los cristianos, que sabemos que entre sus "ingeniosos" tormentos, hacía amarrar en postes (crux simplex seguramente) a los cristianos en los senderos de los jardines de su palacio, y los hacía arder en llamas para que sirvieran como antorchas.
Hay que recordar además que el 6 es un número usado para representar la imperfección, por quedar detrás del 7, la plenitud. El hecho de repetir tres veces el 6, resulta significativo, pues 3 es símbolo de perfección. Repetir tres veces un adjetivo equivale al máximo superlativo posible. Así, repetir tres veces el 6, 666, el "tres veces Imperfecto", el "totalmente imperfecto", equivale de manera antitética al "tres veces Santo", "Santo, santo, santo" que se usa para llevar al máximo la exaltación de la santidad de Dios, el "Todo Santo".
Actualización
Falsos profetas, perseguidores del cristianismo y seducciones materiales y paganas siempre habrán de acosar a todos los habitantes del mundo. Sin embargo, los fieles cristianos que se mantienen con paciencia en la fe, habrán de superar estas pruebas.
Conclusión
Quien leyó este artículo buscando encontrar pistas o incluso nombres concretos de supuestos anticristos contemporáneos, seguramente quedó decepcionado. La Apocalíptica es un género difícil de comprender por la gran cantidad de simbolismos que emplea. Sin embargo, el conocer las claves de actualización acertadas, y la familiaridad con los textos de Ez y Dn facilitan el entendimiento del Apocalipsis.
El hebreo, al carecer de numerales, emplea sus mismas letras con fines aritméticos. De esta forma, el nombre de Nerón César escrito con caracteres hebreos, coincide en valor numérico con la cifra 666.
El Apocalipsis al estar escrito en el contexto de la persecución cristiana por el Imperio Romano, encuentra el verdadero significado de sus símbolos en esa situación histórica concreta. No obstante, el sentido y la enseñanza del texto, son escatológicos. Por esta razón, si algo debemos aplicar de este libro en nuestros tiempos, que tantas veces ponen a prueba nuestra cordura cristiana, es la enseñanza de fe y esperanza desarrolladas en el texto, más que el pretender emplear los símbolos empleados en el texto como referencias a eventos cataclismicos que hemos de padecer.
Referencias bibliográficas EDICION ESPAÑOLA DE LA BIBLIA DE JERUSALEN. Desclee de Brouwer, Bilbao, 1998. THE NEW AMERICAN BIBLE. Catholic Bible Press, Nashville, 1987. Carrillo, S., EL APOCALIPSIS. Instituto de Pastoral Bíblica, México, 1998. Nutting, M., AND GOD SAY WHAT?. Paulist Press, New York, 1986. Yates, K. NOCIONES ESENCIALES DEL HEBREO BIBLICO. Harper & Row Publishers, New York, 1984. © Mauricio Israel Pérez López, 2000
Fuente: El Teólogo Responde Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. Catholic.net
Actializado el 29/08/2004
Nota:El verdadero autor del artículo publicado es Mauricio Israel Pérez López y el mismo fue publicado originalmente en: apologética.org
Pido disculpas por el error. Matoga
La segunda bestia del Apocalipsis, más conocida entre la gente por su número 666, ha sido motivo de confusión motivada por la ignorancia bíblica, alentada además por las espectaculares producciones cinematográficas que gustan de tocar este tema con toda libertad. Hay quienes se afanan en encontrar en nuestros tiempos algún "anti Cristo" al cual se le puedan atribuir los rasgos descritos en el Apocalipsis, y con inquieta curiosidad especulan sin cesar con audaz atrevimiento, pero sin fundamentar las supuestas coincidencias por ellos encontradas. Y no sólo sobre la bestia, sino sobre todos los símbolos usados en este libro, se busca encontrar "la verdad" en los signos de nuestros tiempos, siendo que el auténtico significado está ubicado en un tiempo y contexto históricos precisos, y ajenos a nuestro tiempo.
Mi interés al escribir este artículo es desarrollar una breve exégesis sobre la perícopa de "El falso profeta al servicio de la Bestia", a fin de aclarar desde el punto de vista exegético el verdadero significado de este pasaje bíblico. El ejercicio expuesto en este artículo fue realizado de manera personal, manteniéndome siempre en el ámbito de la "sana doctrina" de nuestra Iglesia Católica, y en la línea de nuestra exégesis contemporánea.
Consideraciones teóricas
Para iniciar este trabajo exegético, considero importante explicar los elementos que sirven como material sólido (y correcto) para interpretar este pasaje. El texto bíblico está tomado totalmente de la Edición Española de la Biblia de Jerusalén.
Género literario
El Libro de la Revelación, o Apocalipsis de Juan, corresponde precisamente al género literario "apocalíptico". Este género floreció en la literatura hebrea por cuatro siglos, desde el siglo II a.C, hasta el siglo II d. C. La apocalíptica depende de la literatura profética y de la sapiencial. Pero a diferencia de la literatura profética, donde el elemento esencial es "la palabra", en la apocalíptica el elemento esencial es "la visión". Otra característica del género apocalíptico es el uso abundante de símbolos.
La estructura de un Apocalipsis se da siempre en estas tres fases:
Una etapa de opresión al Pueblo de Dios. Una etapa de castigo y destrucción del enemigo. Una etapa de liberación, victoria y dominio del Pueblo de Dios. Es importante distinguir la enseñanza detrás de "la visión", del relato que narra "la visión" en el Apocalipsis. El contenido apocalíptico es escatológico a la vez que histórico, por lo que su enseñanza perdura hasta el fin de los tiempos. Sin embargo, al ser histórico, su relato siempre se refiere a un tiempo inmediato concreto, pues es escrito en un tiempo de fuerte opresión. Con esta óptica ha de interpretarse el Apocalipsis (y en consecuencia la perícopa interpretada en este artículo) si se quiere tener un entendimiento acertado de su significado. No obstante, con una buena hermenéutica, se puede hacer una actualización de su contenido doctrinal.
En el Primer Testamento encontramos literatura apocalíptica en Is, Ez, Jo, Zac y Dn. En el Nuevo Testamento encontramos textos apocalípticos en Mc, Mt y Lc cuando narran el discurso escatológico de Jesús; en algunos pasajes paulinos en las epístolas a los Tesalonicenses y la Primera a los Corintios, y evidentemente, en el Apocalipsis.
Claves de interpretación
Para entender no sólo el contenido de la perícopa que analizo en este artículo, sino todo el contenido del Apocalipsis de Juan, es preciso primero conocer el contenido y los símbolos del Apocalipsis contenido en el libro del profeta Daniel. A su vez, para entender los símbolos de Daniel, es preciso conocer y entender los símbolos utilizados por el profeta Ezequiel. Esto resulta de capital importancia, pues al comprender los simbolismos de Ez y Dn la exégesis del Apocalipsis de Juan resulta un proceso más sencillo y natural. Hacer un recuento y dar una interpretación a esta simbología, queda fuera del alcance de este trabajo. Sin embargo, lo menciono para el estudioso que guste profundizar por cuenta propia.
Igualmente, en el caso de esta perícopa resulta imprescindible comprender el significado de la Primera Bestia, descrita en la perícopa anterior. Sobre ello detallaré en el apartado "El Contexto Inmediato".
Los Apocalipsis son desarrollados en una época de opresión. En el caso concreto del Apocalipsis de Juan, éste fue escrito en el año 95, según se piensa generalmente. En ese tiempo, Domiciano exigía el "culto imperial" aún más que sus predecesores Vespasiano y Tito. Es en este contexto histórico donde debemos buscar el verdadero significado de los simbolismos empleados por Juan.
Numerología apocalíptica
Todos los números utilizados en el Apocalipsis tienen un significado específico. Conocerlos ayuda a entender los símbolos del texto. Para interpretar la perícopa que nos ocupa, conviene conocer los siguientes:
Número 2. Se utiliza para dar solidez, para reforzar. Por ejemplo: dos testigos, dos cuernos. Número 3. Perfección Número 6. Uno menos que el 7, significa imperfección. Número 7. Plenitud Número 666. Tres veces seis, es decir la perfecta imperfección, la imperfección total.
Referencias bibliográficas EDICION ESPAÑOLA DE LA BIBLIA DE JERUSALEN. Desclee de Brouwer, Bilbao, 1998. THE NEW AMERICAN BIBLE. Catholic Bible Press, Nashville, 1987. Carrillo, S., EL APOCALIPSIS. Instituto de Pastoral Bíblica, México, 1998. Nutting, M., AND GOD SAY WHAT?. Paulist Press, New York, 1986. Yates, K. NOCIONES ESENCIALES DEL HEBREO BIBLICO. Harper & Row Publishers, New York, 1984. © Mauricio Israel Pérez López, 2000
Fuente: El Teólogo Responde Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. Catholic.net
Actializado el 29/08/2004
Nota:El verdadero autor del artículo publicado es Mauricio Israel Pérez López y el mismo fue publicado originalmente en: apologética.org
Pido disculpas por el error. Matoga
Preguntas y Respuestas sobre la Eucaristía (parte II) ¿Qué pruebas históricas existen de la celebración de la Eucaristía en las primeras comunidades Cristianas?
Al referirse a la continuidad de la celebración de la liturgia actual respecto de las formas más antiguas, el Catecismo presenta para su análisis el texto de san .Justino mártir, que vivió en el segundo siglo de la era cristiana: "Desde el siglo II, según el testimonio de san Justino mártir, tenemos las grandes líneas del desarrollo de la celebración eucarística. Estas han permanecido invariables hasta nuestros días a través de la diversidad de tradiciones rituales litúrgicas (1345).
Actualmente, el orden de la Misa convoca al sacerdote que la preside y a la comunidad con quien celebrará la reunión, especial y particularmente los domingos. Este día es el que conmemora la resurrección de Cristo y, por lo tanto, para los cristianos, es el Día del Señor, nuestro día santo, el momento de celebrar el memorial de su muerte y resurrección, que Cristo nos pidió que realizáramos en su memoria.
¿Cuál es el significado de la Liturgia de la Palabra en la celebración de la Eucaristía?
La liturgia se divide en dos partes, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Los domingos y los días festivos, se hacen tres lecturas. La distribución usual es una lectura del Antiguo Testamento, una lectura de los Hechos, las Cartas o el Libro de la Revelación y una tercera lectura, siempre tomada de uno de los cuatro evangelios. En las celebraciones de los días de semana, normalmente se hacen dos lecturas. La primera se toma tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento (fuera de los evangelios) y la segunda lectura es de uno de los evangelios. San Justino escribe: "se leen, en cuanto el tiempo lo permite, los Recuerdos de los Apóstoles o los escritos de los profetas (1345).
Actualmente, en la instrucción de la celebración de la Eucaristía, leemos: "Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras es Dios mismo quien habla a su pueblo, y Cristo, presente en su Palabra, quien anuncia la Buena nueva (Instrucción General, Capítulo Segundo, 9).
Una destacada parte integral de la celebración de la Liturgia de la Palabra es la homilía del sacerdote, acerca de las lecturas o algún otro elemento de la fe y la vida de la Iglesia. Dado que tantos aspectos de nuestra cultura cambian rápidamente, resulta esencial que las enseñanzas de Cristo se apliquen a las circunstancias de nuestro día de manera tal que los fieles puedan comprender todo lo que conlleva su profesión de fe. La Instrucción General nos dice que "su eficacia aumenta con una explanación viva, es decir, con la homilía, que viene así a ser parte de la acción litúrgica (Capítulo Segundo, 9).
En este punto de la liturgia, se reza como resumen de nuestra profesión de fe el Credo, en el que reconocernos que hemos leído la palabra de Dios y anunciamos que nos unimos a las enseñanzas de Cristo y la profesión de su Iglesia, de manera que podemos proceder a celebrar dignamente la Eucaristía. El sacerdote luego invita a los fieles a ofrecer sus oraciones por las necesidades de la Iglesia, la comunidad y sus preocupaciones personales. Esto se denomina oración de los fieles.
¿Qué significa la Liturgia de la Eucaristía?
La Liturgia de la Eucaristía es el corazón mismo de la Misa. El sacerdote reza sobre los dones, pronunciando una de las oraciones eucarísticas aprobadas, solicita la efusión del Espíritu Santo sobre los dones, recita el texto de consagración, eleva la hostia y el cáliz para que los fieles los reverencien y procede a invocar la pasión, resurrección y gloriosa venida de nuestro Señor Jesús. En este acto sagrado y sacramental, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y nosotros, por medio de nuestra participación en este misterio de fe, compartimos espiritualmente la muerte y resurrección de Jesús. San Justino describe esta elevada oración de acción de gracias y luego destaca: "cuando ha concluido, todos los presentes pronuncian una aclamación diciendo "Amén"¨.
En su descripción de la Liturgia de la Eucaristía, el Catecismo nos dice: "Cumplimos este mandato del Señor celebrando el memorial de su sacrificio. Al hacerlo, ofrecemos al Padre lo que Él mismo nos ha dado: los dones de su Creación, el pan y el vino, convertidos por el poder del Espíritu Santo y las palabras de Cristo, en el Cuerno y la Sangre del mismo Cristo: así Cristo se hace real y misteriosamente presente" (1357).
Luego se procede a la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Leemos en la Instrucción General que en este punto de la Misa: "Luego el sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico que recibirán en la comunión, y los invita al banquete de Cristo; y juntamente con los fieles formula, usando palabras evangélicas, un acto de humildad. Es muy de desear que los fieles participen del Cuerpo del Señor con hostias consagradas en esa misma Misa y, en los casos previstos, participen del cáliz, de modo que aparezca mejor, por signos exteriores, que la comunión es una participación en el sacrificio que en ese momento se celebra" (Capítulo Segundo, 56 g, h).
A su vez, el Catecismo nos dice: "La Santa Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo". El principal fruto de recibir la Eucaristía en la Santa Comunión es una unión íntima con Jesucristo. Por cierto, el Señor dijo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él" (Jn 6, 56). La vida en Cristo encuentra su fundamento en el Banquete Eucarístico: "Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn 6, 57) (1391).
¿Qué significa la real presencia de Cristo en la Eucaristía?
La fe de la Iglesia respecto de la presencia real de Jesús en la Eucaristía en la apariencia del pan y del vino se remonta a las palabras del mismo Jesús, tal como se las describe en el evangelio según San Juan. En el discurso eucarístico después de la multiplicación del pan, nuestro Señor comparó el pan ordinario con un pan que no es de este mundo, sino que contiene la vida eterna para aquellos que lo comen. El dijo: "Yo soy el pan de vida... Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne y lo daré para la vida del mundo" (Jn 6, 48.51).
Lo que Jesús nos ofrece es su presencia continua y perdurable cada vez que celebramos la Eucaristía. El pan y el vino se convierten en su cuerpo y su sangre. "Éste es mi cuerpo... ésta es la copa de mi sangre".
La forma en que Jesús está presente en la Eucaristía no se puede explicar en términos físicos ya que trasciende las necesidades ordinarias de espacio y medida. El hecho de que la persona que está completamente presente en la Misa sea el mismo Salvador Resucitado que está sentado a la derecha del Padre es un misterio supernatural. La condición de Cristo no cambia al hacerse presente en forma sacramental. No es necesario que abandone el cielo para hacerse presente en la tierra.
¿Qué significa la transubstanciación?
Al explicar esta doctrina de la fe, el Catecismo cita al Concilio de Trento, que resumió nuestra fe católica. "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del Vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" (1376).
¿Por qué se guarda la Eucaristía en el tabernáculo?
La presencia real perdura después de la celebración de la liturgia eucarística. Por este motivo hay un tabernáculo en las iglesias. Una vez que se ha distribuido la comunión, las hostias restantes se colocan en el tabernáculo para proporcionar viáticos a aquellos que acuden a la Iglesia en su hora final y también, para presentar un punto concentrado de oración y adoración de Cristo en su presencia real.
Con el correr del tiempo, la reflexión reverente llevó a la Iglesia a enriquecer su devoción eucarística. La fe en que Jesús está realmente presente en el sacramento llevó a los creyentes a adorar la morada de Cristo en nosotros permanentemente en el sacramento. Dondequiera que se encuentre el sacramento, allí está Cristo, que es nuestro Señor y nuestro Dios; por lo tanto, se le debe venerar eternamente en este misterio. Esta veneración se expresa de muchas maneras: en las genuflexiones, en la adoración de la Eucaristía y en las muchas formas de devoción eucarística que ha alimentado nuestra fe.
La popularidad de la fiesta de Corpus Christi (el Cuerpo y la Sangre de Cristo), con sus alegres himnos y procesiones públicas, alentó un mayor desarrollo de las devociones eucarísticas. En ocasiones, el Santísimo Sacramento se retira del tabernáculo en el que se lo guarda regularmente y se lo coloca en el altar para su adoración. Estos períodos de exposición se extienden, en ocasiones, a las horas santas. La tradición parroquial de celebrar un día eucarístico o días eucarísticos (por ejemplo, las Cuarenta Horas de devoción), con la exposición del Santísimo Sacramento y una homilía que presta una atención particular a este don glorioso y divino, goza de mucha popularidad. Cuando concluyen estas devociones, la congregación recibe la bendición de la Eucaristía, que se denomina Bendición del Santísimo Sacramento. Bibliografía: "Proclamando la fe en el Tercer Milenio" Por Los Obispos Católicos de Pennsylvania.
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Obras de misericordia El amor de Cristo se expresa particularmente en el encuentro con el sufrimiento, en todo aquello en que se manifiesta la fragilidad humana, tanto física como moral. De esta manera revela la actitud continua de Dios Padre hacia nosotros, que es amor (1 Juan 4, 16) y rico en misericordia (Efesios 2, 4) La misericordia es el núcleo fundamental de su predicación y la razón principal de sus milagros. También la Iglesia "abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, en los pobres y en los que sufren reconoce la imagen de su Fundador, pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo" (CONCILIO VATICANO II, Lumen gentium) ¿Y qué otra cosa haremos nosotros si queremos imitar al Maestro y ser buenos hijos de la Iglesia? Cada día se nos presentan incontables ocasiones de poner en práctica la enseñanza de Jesús ante el dolor y la necesidad, con un corazón lleno de misericordia.
Si la mayor desgracia, el peor de los desastres, es alejarse de Dios, nuestra mayor obra de misericordia será en muchas ocasiones acercar a los sacramentos, fuentes de Vida, y especialmente a la Confesión, a nues tros familiares y amigos. Toda miseria moral, cualquiera que sea, reclama nuestra compasión, y la verdadera compasión comienza por la situación espiritual del alma de los que nos rodean, que hemos de procurar remediar con la ayuda de la gracia. Ahora que el número de analfabetas ha decrecido en tantos países, ha aumentado la ignorancia religiosa con el total desconocimiento de las más elementales nociones de la Fe y la Moral y de los rudimentos mínimos de la piedad. Por esta razón, la catequesis ha pasado a ser una obra de misericordia de primera importancia (J. ORLANDIS, Bienaventuranzas)
Imitar a Jesús misericordioso nos llevará a dar consuelo y compañía a quienes se encuentran solos, a los enfermos, a los ancianos, a quienes sufren una pobreza vergonzante o descarada. Haremos nuestro su dolor y les ayudaremos a santificarlo mientras que procuramos remediar ese estado en el modo que nos sea posible. La misericordia nos lleva a perdonar con prontitud y de corazón, aunque quien ofende no manifieste arrepentimiento por su falta o rechace la reconciliación. El cristiano no guarda rencores en su alma, no se siente enemigo de nadie, ni juzga severamente a nadie. Si somos misericordiosos, obtendremos del Señor la misericordia que tanto necesitamos, particularmente para esas flaquezas, errores y fragilidades que Él bien conoce. María, Madre de la misericordia, nos dará un corazón capaz de compadecerse de quienes sufren a nuestro lado.
Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal, Ediciones Palabra.
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