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   sábado, marzo 13, 2004

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Se rompe el Glaciar...



Una emoción sin límite...
Aunque me tenga que coinformar con verlo por TV...
A pesar del dolor por los atentados, Dios nos muestra la grandeza de su obra y nos permite maravillarnos con ella.

Los que me conocen saben que soy un enamorado de la Patagonia...
Hace algún tiempo leía el diario de viaje de Francisco Pascacio (¿Creian que la "P" era de Perito?) Moreno al remontar el río Santa Cruz desde el mar...
Les comparto lo que escribió cuando llegó al Lago donde se encuentra el glaciar que, hoy, lleva su nombre. (Es el año 1877)

Febrero l4: Día de emociones pero de inmenso trabajo. La aurora pálida del día nebuloso nos encuentra ya levantados y listos para continuar la marcha, que se vuelve difícil porque la corriente ha aumentado y encontramos barrancas a pique donde infinidad de cóndores, que anidan en sus grietas inexpugnables chillan cuando pasamos al pie de ellas.
[…]
¿Cómo fijarnos en ellos cuando tenemos delante lo que tanto ambicionamos? ¿Cómo escuchar los dolores físicos cuando el contento moral es tan grande?
Todo nos halaga: el día baña con luz nítida las aguas tranquilas o agitadas contra las rocas; el sol brilla en todo su esplendor purpurando las quebradas lejanas y dorando las crestas con sus rayos. La vista se recrea y el corazón se expande …
[…]
En el Lago Argentino
Febrero 15: ¡Qué delicioso despertar! Aún resuenan agradablemente en mis oídos las armonías que el Espíritu de las Aguas hace entonar por las olas del lago que ruedan sobre las piedras, al aparecer la aurora de este ¡Qué espléndidos mirajes se reflejan en mi mente al mirar desde mi arenoso lecho estas aguas verdosas que han arrullado mi sueño! …

VIAJE A LA PATAGONIA AUSTRAL
Francisco P. Moreno
pp 344, 345, 349




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Primera meditación de Cuaresma del padre Cantalamessa al Papa y a la Curia


«"La letra narra lo ocurrido" - La Pascua de la historia»

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 12 marzo 2004 (ZENIT.org).- «"La letra narra lo ocurrido" - La Pascua de la historia» es el tema de la meditación que dirigió el padre Raniero Cantalamessa, ofm cap, predicador de la Casa Pontificia, en este segundo viernes de Cuaresma a Juan Pablo II y sus colaboradores en la Curia romana.

Publicamos el texto de la predicación que tuvo lugar esta mañana en la capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico Vaticano. «Con ansia he deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros» (Lucas, 22,15).
Cuaresma 2004 en la Casa Pontificia
Primera predicación

«La letra narra lo ocurrido»
La Pascua de la historia


En toda la tradición cristiana se ha dado una doble manera de leer las Escrituras, resumida en letra y Espíritu. Letra quiere decir el sentido literal o el hecho histórico narrado; Espíritu indica el misterio escondido en el hecho histórico que se comprende sólo a través de la fe. Dentro del sentido espiritual, se han distinguido, a su vez, tres niveles de significado: el significado cristológico que subraya la referencia a Cristo y a la Iglesia, el significado moral que se refiere al actuar cristiano, y el significado escatológico que se refiere al cumplimiento final.

Este esquema cuatripartito ha sido resumido en un dístico famoso: «Littera gesta docet, quid credas allegoria. / Moralis, quid agas; quo tendas anagogia». La letra te enseña lo ocurrido; lo que debes creer, la alegoría. / La moral enseña qué es lo que hay que hacer; hacia dónde tender, la anagogía.

Esta manera de acercarse a la Escritura despliega toda su pertinencia y fecundidad cuando se aplica a la Pascua. Un autor medieval lo hace en estos términos: «La Pascua puede tener un significado histórico, uno alegórico, uno moral y uno anagógico. Históricamente, la Pascua ocurrió cuando el ángel exterminador pasó por Egipto; alegóricamente, cuando la Iglesia, en el bautismo, pasa de la infidelidad a la fe; moralmente, cuando el alma, a través dela confesión y la contrición, pasa del vicio a la virtud; anagógicamente, cuando pasamos de la miseria de esta vida a los gozos eternos» (Sicardo de Cremona, «Mitral», VI, 15 (PL 213, 543).

En las meditaciones cuaresmales de este año quisiera explorar el sentido de la Pascua de Cristo, siguiendo este método que procede de la tradición más constante de la Iglesia. Dado que sólo tenemos a nuestra disposición tres momentos (el viernes 19 de marzo es la fiesta de san José), tendremos que renunciar a tratar el último sentido, el anagógico, que nos invita a tender hacia la Pascua eterna del cielo. Lo dejaremos para la meditación personal.

En esta primera meditación reflexionemos sobre la dimensión histórica de la Pascua, es decir, sobre los acontecimientos en los que encuentra su origen. Si habláramos de la Pascua en general, la «letra» que habría que examinar serían las narraciones del Éxodo, que hablan de la inmolación del cordero en Egipto; concentrándonos en la Pascua cristiana, la «letra» son las narraciones de la pasión y resurrección de Cristo.


  1. La letra, ¿narra verdaderamente lo ocurrido?

    En este sentido, surge una pregunta muy actual: la letra, ¿refiere verdaderamente, en este caso, a «los hechos», como dice el dístico antiguo, o más bien ofrece una versión «tendenciosa» de ellos, que responde a fines apologéticos? Como reacción a una reciente película sobre la Pasión de Cristo, se ha difundido en este sentido una opinión que no puede dejarse sin respuesta.

    La tesis adoptada por revistas de difusión mundial y divulgada en Italia incluso por un telediario de la noche, es, en resumidas cuentas, la siguiente. El director, ateniéndose estrictamente a las narraciones evangélicas de la Pasión, ha ignorado los resultados de la ciencia exegética moderna. Esta afirma que, al contar los hechos, Marcos y, detrás de él los demás evangelistas, han atribuido la responsabilidad de la muerte de Cristo a los judíos para ganarse el favor del poder político romano y tranquilizarlo ante la nueva religión. En realidad, el motivo principal de la condena de Jesús fue de carácter político y no religioso, es decir, a causa de la amenaza que él constituía para el orden establecido (Cf. John Meacham, «Who killed Jesus?» --¿Quién mató a Jesús?»--, en «Newsweek», 16 de febrero de 2004, páginas 49-57).

    Hay que decir, ante todo, que independientemente de cuál sea la explicación que se dé de las circunstancias externas y de las motivaciones jurídicas de la muerte de Cristo, éstas no afectan en lo más mínimo al sentido real de su muerte, que depende de lo que él pensaba, y no de lo que pensaban los demás. Y el sentido que él daba a su muerte lo dejó claro anticipadamente, en el momento de la institución de la Eucaristía: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros».

    Una vez hecha esta aclaración, hay que observar sin embargo la seriedad de lo que nos estamos jugando con estas discusiones. La fe cristiana es una fe basada en la historia; la compatibilidad con la historia no es menos necesaria que la compatibilidad con la razón. No es suficiente decir que los evangelios «no nos han caído del cielo ya perfectamente redactados, sino que son producidos por manos y corazones humanos», sometidos a condicionamientos y prejuicios. Esto lo admite hoy todo cultor serio de los estudios bíblicos. El problema consiste en saber si son narraciones honestas o no; si el prejuicio es inconsciente, o si es una tesis conscientemente asumida y llevada adelante según su antojo.

    Dado que afronté este problema cuando enseñaba historia de los orígenes cristianos en la Universidad Católica de Milán (Cf. Los resultados de la investigación en "Los primeros cristianos, la política y el estado» [«I primi cristiani, la politica e lo stato»], «Vita e Pensiero» [año 54, n.6, noviembre-diciembre de 1972], en particular «Jesús y la revolución» [«Gesù e la rivoluzione»], pp. 5-18 y «Diez años de estudios sobre el proceso de Jesús y sobre Jesús y los zelotes» [«Dieci anni di studi sul processo di Gesù e su Gesù e gli zeloti»], pp. 108-136), me parece que es mi deber ofrecer una pequeña contribución para aclarar esta discusión. Hay que negar enérgicamente que la investigación histórica moderna haya llegado a conclusiones diferentes de las que se sacaban de la lectura de los Evangelios sobre la condena de Cristo.

    La tesis de la motivación esencialmente política de la condena de Cristo surgió en los últimos cincuenta años por dos preocupaciones y tuvo dos razones de ser. La primera, fue el epílogo trágico del antisemitismo con el Holocausto, la segunda la afirmación en los años sesenta y setenta de la así llamada teología de la revolución. Si no se quería que Che Guevara conquistar el lugar de Cristo en el corazón de las nuevas generaciones, no quedaba otra solución que hacer de él su discípulo. Los dos puntos de vista, por caminos diferentes, llegaban esencialmente a una conclusión común: Jesús fue un simpatizante del movimiento zelote, que buscaba levantar con la fuerza el yugo de la dominación romana y de las clases ricas locales que lo apoyaban. Se veían pruebas de esto en el hecho de que uno de sus discípulos se llamaba Simón «Zelotes» (con este mismo razonamiento se podía defender la tesis de que Jesús colaboraba con los romanos, habiendo llamado a su seguimiento a Mateo el «Publicano»), o el apodo de Judas «Iscariote», que podía ser una deformación de «Sicariote», el nombre con el que se designaba al ala más radical del partido zelote, así como otros hechos, como la expulsión del templo de los mercaderes, la entrada triunfal en Jerusalén, la multiplicación de los panes y el intento de hacerle rey...

    En pocos años, la tesis del Jesús revolucionario ha sido abandonada como algo imposible de sostener. Terminaba por atribuir a Jesús precisamente la idea de un Mesías que se impone con la fuerza sobre esa misma fuerza contra la que lucho durante toda su vida. Ha quedado en pie, sin embargo, la otra tesis, sugerida por el deseo de quitar todo pretexto al antisemitismo.

    Se trata de una preocupación justa, pero es sabido que el daño más grave que se le puede hacer a una causa justa es el de defenderla con argumentos equivocados. La lucha contra el antisemitismo tiene que basarse sobre un fundamento más seguro que el de una hipótesis discutible como ésta. El Concilio Vaticano II lo formula así: «Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy» («Nostra aetate», 4).

    En esta afirmación se da una cierta convergencia con la misma tradición judía del pasado. De las noticias sobre la muerte de Jesús, presentes en el «Talmud» y en otras fuentes judías (si bien tardías e históricamente contradictorias) surge un elemento: la tradición judía nunca ha negado una participación de las autoridades de la época en la condena de Cristo. No fundamentó su defensa negando el hecho; en todo caso, negó que desde el punto de vista judío constituyera un delito o que su condena haya sido injusta (Cf. J. Blinzler, «El proceso de Jesús» --«Il Processo di Gesù», Brescia 1966, pp.32 ss).

    Esta versión es compatible con la de las fuentes del Nuevo Testamento que, si bien por una parte destacan la participación de las autoridades judías en la condena de Cristo, por otra la excusan, atribuyéndola a la ignorancia (Cf. Lucas 23,34; Hechos 3, 17; 1 Corintios 2,8). Sólo Dios, que escruta los corazones, sabe hasta qué punto esta ignorancia se debió a la objetiva dificultad para reconocer como verdadera la reivindicación mesiánica de Cristo o a motivos menos excusables (Juan 5, 44 menciona entre éstos la búsqueda de la gloria humana) y ninguno de nosotros puede dar un juicio definitivo, ni sobre Judas, ni sobre Caifás, ni sobre Pilatos.

    Se llega así a una constatación fundamental: ninguna fórmula de fe del Nuevo Testamento y de la Iglesia dice que Jesús murió «a causa de los pecados de los judíos»; todas dicen que «murió a causa de "nuestros" pecados», es decir, de los pecados de todos.

    El falta de responsabilidad del pueblo judío en cuanto tal en la muerte de Jesús se debe a una certeza bíblica que los cristianos tienen en común con los judíos, pero que por desgracia por muchos siglos ha sido olvidada por motivos extraños: «El que peque es quien morirá; el hijo no cargará con la culpa de su padre, ni el padre con la culpa de su hijo» (Ezequiel 18, 20). La doctrina de la Iglesia reconoce un solo pecado que se transmite por herencia de padres a hijos, el pecado original.

    Si se consideraba a los judíos de las generaciones futuras responsables de la muerte de Cristo, por el mismo motivo se debería haber considerado como responsables y acusar de deicidio a los romanos de las generaciones futuras, incluidos los papas de familias romanas, pues está claro que, desde el punto de vista jurídico, la condena de Cristo y su ejecución (la forma de la crucifixión lo confirma) deben imputarse en último término a la autoridad romana.

    Como creyentes, quizá tenemos que superar la afirmación de la no culpabilidad del pueblo judío y ver en el sufrimiento injusto que por este motivo ha sufrido en la historia como algo que le pone de parte del Siervo sufriente de Dios y, por tanto, para nosotros cristianos, de parte de Jesús. Edith Stein había comprendido en este sentido el drama que se estaba gestando para ella y para su pueblo en la Alemania de Hitler: «Allí, bajo la cruz, comprendí el destino del pueblo de Dios. Pensé: aquellos que saben que esta es la cruz de Cristo tienen el deber de cargar con ella, en nombre de todos los demás».

    En vez de hablar de la responsabilidad del pueblo judío por la muerte de Cristo se debería hablar de la responsabilidad del pueblo cristiano por la muerte de los judíos. Es lo que Juan Pablo II hizo en el mes de marzo del año jubilar, al poner en una fisura del muro de las lamentaciones de Jerusalén la petición de perdón por los sufrimientos causados por los cristianos al pueblo de Israel.

    Un comunicado del Congreso Judío de Canadá dice que la película de Gibson puede convertirse, si queremos, en una «oportunidad» para judíos y cristianos para avanzar en el camino de la reconciliación y de la amistad (Cf. Canadian Jewish Congress statement to our fellow Canadians of the Christian faith in advance of the release of The Passion of the Christ, http://www.cjc.ca/template.php?action=news&story=631). Para mí, y estoy seguro que para muchos cristianos, todo lo que se ha escrito sobre esta película (la película no, pues no la he visto) ha servido para aumentar el sentimiento de la inmensa gratitud que debemos al pueblo judío por haber dado al mundo a Jesús de Nazaret y por el precio incalculable que ha tenido que pagar a causa de este don.

  2. ¿Podemos seguir creyendo todavía en las narraciones de la pasión?

    Una vez dejado claro el rechazo del antisemitismo, podemos volver a afrontar la cuestión del carácter atendible de las narraciones de la pasión, la única que nos interesa en esta sede. Quisiera hacer presentes algunos hechos que inducen a tomar con mucha cautela la tesis, según la cual, han sido escritos con la preocupación de tranquilizar a las autoridades del imperio sobre los cristianos.

    Esta tesis acaba colocando los escritos apostólicos en el mismo género literario de las Apologías, dirigidas por autores cristianos del siglo II a los emperadores romanos para convencerles de la bondad de su religión. Se olvida que surgieron para el uso interno de la comunidad cristiana, sin pensar en lectores ajenos a ella y de hecho nunca lo fueron. (El primer autor pagano que demuestra haber leído las fuentes cristianas es Celso, en el siglo II, y no precisamente por motivos políticos).

    Sabemos que las narraciones de la pasión, en unidades más breves y en forma oral, circulaban en las comunidades ya mucho antes de la redacción final de los evangelios, incluido el de Marcos. Pablo, en su carta más antigua, escrita en torno al año 50, ofrece la misma versión fundamental de los evangelios sobre la muerte de Cristo (Cf. 1 Tesalonicenes 2,15). Sobre los hechos acaecidos en Jerusalén poco antes de su llegada a la ciudad debía haber sido informado mejor que nosotros, modernos, pues al inicio había defendido los motivos de esta condena.

    Durante esta fase más antigua, el cristianismo se consideraba todavía destinado principalmente a Israel; las comunidades en las que se habían formado las primeras tradiciones estaban constituidas en su mayoría por judíos convertidos; Mateo se preocupa por mostrar que Jesús vino para dar cumplimiento a la ley, no para abolir la ley. Si se hubiera dado, por tanto, una preocupación apologética, ésta hubiera debido llevar a presentar la condena de Jesús como una obra más bien de paganos que de las autoridades judías, con el fin de tranquilizar a los judíos de Palestina y de la diáspora.

    Muchos de los equívocos surgen por el hecho de que proyectamos al inicio de la Iglesia la situación posterior de contraposición entre judíos y cristianos, mientras que, hasta la afirmación de comunidades compuestas en su mayoría por gentiles, se daba otro tipo de contraposición, es decir, judíos creyentes (en Cristo) y judíos no creyentes en él La distinción se daba dentro de la común identidad judía. Los discípulos de Jesús podían decir con Pablo: «¿Son judíos? ¡También yo!». Esto da un sentido totalmente diferente a la polémica antijudía de los autores del Nuevo Testamento con respecto a la del cristianismo posterior, al igual que son totalmente diferentes los ataques contra el pueblo de Israel de Moisés y de los profetas a los lanzados por ciertos Padres de la Iglesia o por Lutero.

    Por otra parte, cuando Marcos y los demás evangelistas escriben su evangelio ya se había dado la persecución de Nerón; esto debería haber llevado a ver en Jesús la primera víctima del poder romano y en los mártires cristianos víctimas que habían sufrido la misma suerte del Maestro. Se da una confirmación de esto en el Apocalipsis, escrito tras la persecución de Domiciano, durante la cual Roma fue objeto de un ataque feroz («Babilonia», la «Bestia», la «prostituta») a causa de la sangre de los mártires (Cf. Apocalipsis. 13 ss.).

    No es posible leer las narraciones de la Pasión ignorando todo lo que las precede. El evangelio atestigua, en cierto sentido en cada página, un contraste religioso creciente entre Jesús y un grupo influyente de judíos (fariseos, doctores de la ley, escribas) sobre la observancia del sábado, sobre la actitud hacia los pecadores y los publicanos, sobre lo puro y lo impuro. Jeremías demostró la motivación antifarisea que se da en casi todas las parábolas de Jesús (Cf. J. Jeremias, «Die Gleichnisse Jesu», Gottingen 1962). No es posible eliminar esta premisa sin desintegrar completamente los evangelios y hacerlos incomprensibles. Una vez demostrada esta confrontación, ¿cómo es posible no pensar que no desempeñó un papel en el momento del ajuste final de cuentas y que las autoridades judías se decidieron a denunciar a Jesús a Pilatos sólo por miedo a una intervención armada de los romanos, como si lo hicieran de mala gana?

    Uno de los argumentos más aducidos contra la veracidad de las narraciones evangélicas es la imagen que nos ofrecen de un Pilatos sensible a razones de justicia, que se preocupa por la suerte de un desconocido judío, pues se sabe que era un tipo duro y cruel, capaz de ahogar en la sangre el indicio más mínimo de revuelta.

    Aquí se da una equivocación. Pilatos no trata de salvar a Jesús por compasión por la víctima, sino únicamente por el espíritu de revancha contra sus acusadores con los cuales tenía lugar una guerra de sordos desde su llegada a Judea. Si los primeros cristianos se equivocaron en algo fue en atribuir la decisión de Pilatos a sentimientos de justicia y de piedad por Jesús (para Tertuliano era cristiano en secreto y ¡la Iglesia copta lo ha canonizado junto a su mujer!). En realidad, lo que le movía era únicamente la voluntad de no dar ninguna satisfacción a sus odiados jefes judíos. Si se lee con un mínimo de psicología el diálogo entre él y los acusadores de Jesús, es posible darse cuenta de que los evangelistas también se dieron cuenta de esta motivación.

    Como conclusión, hay que decir que la discusión sobre los motivos de la condena de Cristo en los años posteriores a la segunda guerra mundial ha producido una avalancha de hipótesis críticas, que con frecuencia están en mutua contradicción, pero no ha logrado el consenso de la mayoría de los historiadores en ningún aspecto importante. Cada vez que se quería eliminar una dificultad, surgían racimos de otras nuevas. Alguien, por ejemplo, trató de eliminar el proceso ante el Sanedrín por considerarlo como antihistórico, pero pronto fue posible darse cuenta de que de este modo ya no se podía explicar el episodio seguramente histórico de la negación de Pedro, intrínsecamente ligado al momento y al lugar de ese proceso.

    Las narraciones evangélicas presentan, sin duda, numerosas discrepancias en los detalles y puntos oscuros pero, si se presta atención, esto confirma su carácter «ingenuo», narraciones surgidas de la vida y de los recuerdos de personas diferentes, que no buscan demostrar una tesis. Un índice de honestidad de las narraciones de la Pasión lo constituye el papel que desempeñan sus mismo autores: uno lo reniega; otro lo traiciona, y todos huyen ignominiosamente en el momento crucial. No se equivocaba totalmente el biblista Lucien Cerfaux cuando decía: «Estamos persuadidos de que la manera más sencilla del Evangelio es también la más científica» (Cf. L. Cerfaux, «Jésus aux origines de la tradition», Lovaina, 1968, traducción italiana, Roma 1970, p. 15).

    Esto deja abierta la cuestión sobre el uso que se hace del material evangélico. El hecho de que en el pasado se haya utilizado de manera impropia, con tergiversaciones antijudías, es algo reconocido hoy por todos y firmemente condenado por la Iglesia en apropiados documentos. Si esto es lo que sucede en la película en cuestión, los pareceres parecen muy divergentes y dejo a quien la haya visto que decida. A la luz de las observaciones que hemos hecho, se puede decir que la película debe ser reprobada si lleva a creer que todos los judíos del tiempo y los venidos después son los responsables de lo sucedido; no es contraria a la verdad histórica si se limita a mostrar que un grupo influyente de ellos tuvo una papel determinante.

  3. Jesús callaba

    Si bien sigue habiendo disparidad de opiniones sobre el papel y la conducta de los diferentes personajes y poderes involucrados en la pasión de Cristo, gracias a Dios hay unanimidad sobre su conducta. Dignidad sobrehumana, calma, libertad absoluta. Ni un solo gesto o palabra que desmienta lo que había predicado en su evangelio, especialmente en las Bienaventuranzas.

    Y sin embargo no había nada en él que se parezca al orgulloso desprecio del dolor propio del estoico. Su reacción ante el sufrimiento y la crueldad es humanísima: tiembla y suda sangre en Getsemaní, quisiera que se alejara de él el cáliz, busca apoyo en sus discípulos, grita su desolación en la cruz.

    Una película de hace algunos años --«La última tentación de Jesús»-- le mostraba en la cruz frente a las tentaciones de la carne. Se constató con razón la absurdidad psicológica de esa representación. Si Jesús pudo sentir una tentación mientras estaba colgado de la cruz, con la carne desgarrada y los enemigos insultándoles, no fue ciertamente la de la atracción de la carne, sino más bien la del desdén, la de la ira, y la de los sentimientos de venganza.

    El Salterio le ofrecía palabras de fuego para hacerlo: «Levántate, Señor, destrúyelos...», pero él no cita ninguno de estos salmos de imprecación, sólo cita el Salmo 22, que es una sentida invocación al Padre: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». «Al ser insultado, no respondía con insultos, al padecer, no amenazaba», dice de él la Primera Carta de Pedro (2, 23). ¡Qué contraste si se compara con el modelo de martirio propuesto en el libro de los Macabeos! (Cf. 2 Macabeos 7).

    Sería posible pasar la vida sumergiéndose en esta perfección de la santidad de Cristo y nunca se tocaría el fondo. Nos encontramos ante lo infinito en el orden ético. No hay recuerdo de otra muerte semejante a ésta en la historia. Habría que detenerse al meditar en la pasión en la santidad del protagonista y no tanto en la maldad y vileza de quien le rodea.

    Quisiera subrayar un rasgo de esta sobrehumana grandeza de Cristo en la Pasión: su silencio. «Jesus autem tacebat» (Mateo 26, 63). Calla ante Caifás, calla ante Pilatos que se irrita por su silencio, calla ante Herodes que esperaba verle hacer un milagro (Cf. Lucas 23, 8).

    Jesús no calla por prejuicios o por protesta. No deja sin respuesta ninguna de las preguntas que se le dirigen cuando la verdad está en juego, pero también en este caso se trata de palabras breves, pronunciadas sin ira. El silencio es en sólo y únicamente amor.

    El silencio de Jesús en la Pasión es la clave para comprender el silencio de Dios. Cuando el ruido de las palabras se hace demasiado estridente, la única manera de decir algo es callándose. El silencio de Jesús de hecho inquieta, irrita, saca a la luz la falta de verdad de las propias palabras, como cuando callaba ante los acusadores de la adultera.

    «Hay que callarse ante aquello de lo que no se puede hablar»: este eslogan famoso del positivsmo lingüístico que (contra la intención de su autor) ha servido para excluir la posibilidad de toda afirmación sobre Dios y sobre la misma teología, puede tener un sentido verdadero y profundo, y lo tiene en el caso de Jesús. «Tengo muchas cosas que decir, o más bien una sola pero tan grande como el mar», exclama al estar cerca de la muerte la heroína de una ópera lírica. Estas palabras se podrían poner en labios de Jesús. Él sólo tenía una cosa que decir, pero tan grande que los hombres no estaban preparados para acogerla. Había tratado de decirla pronunciando, ante Pilatos, la palabra «¡verdad!», pero conocemos el desenlace.

    Esta primera meditación, sobre la dimensión histórica, la «letra» de la Pascua, no es el lugar para las aplicaciones morales que vendrán después. Cada quien debe más bien reflexionar por su cuenta sobre lo que le dice a él o a la Iglesia este aspecto de Cristo en su Pasión. Lo que sí está en la línea de las consideraciones históricas que hemos desarrollado es la apertura de nuestro espíritu a una admiración sin límites, al entusiasmo y a la acción de agracias a Cristo. Conmovernos ante la grandeza de su amor y la majestuosidad de su sufrimiento, diciendo desde lo profundo del corazón: «Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum»: «Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, pues con tu santa Cruz redimiste al mundo».

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]

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¿Quién mató a Jesús? Responde el predicador del Papa


Meditación del padre Cantalamessa a la Curia romana

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 12 marzo 2004 (ZENIT.org).- «¿Quién mató a Jesús?». A esta pregunta, planteada por medios de comunicación con motivo del estreno de la película «La Pasión de Cristo» de Mel Gibson, respondió este viernes el predicador de Juan Pablo II en la primera meditación con motivo de la Cuaresma.

El padre Raniero Cantalamessa, ofm cap, que durante tres viernes propondrá al Santo Padre y a sus colaboradores de la Curia romana reflexiones sobre la Pascua, dedicó su predicación a meditar sobre el carácter histórico de las narraciones evangélicas de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

«Hay que decir, ante todo --aclaró--, que independientemente de cuál sea la explicación que se dé de las circunstancias externas y de las motivaciones jurídicas de la muerte de Cristo, éstas no afectan en lo más mínimo al sentido real de su muerte, que depende de lo que él pensaba, y no de lo que pensaban los demás».

«Y el sentido que él daba a su muerte lo dejó claro anticipadamente, en el momento de la institución de la Eucaristía: "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros"», recordó en su meditación pronunciada en la en la capilla «Redemptoris Mater» del Palacio Apostólico Vaticano.

«Ninguna fórmula de fe del Nuevo Testamento y de la Iglesia dice que Jesús murió "a causa de los pecados de los judíos" --insistió--; todas dicen que "murió a causa de 'nuestros' pecados", es decir, de los pecados de todos».

«La doctrina de la Iglesia reconoce un solo pecado que se transmite por herencia de padres a hijos, el pecado original», recalcó el religioso capuchino, para recordar que no es posible acusar al pueblo judío en su conjunto de la muerte de Jesús.

«Si se consideraba a los judíos de las generaciones futuras responsables de la muerte de Cristo, por el mismo motivo se debería haber considerado como responsables y acusar de deicidio a los romanos de las generaciones futuras, incluidos los papas de familias romanas, pues está claro que, desde el punto de vista jurídico, la condena de Cristo y su ejecución (la forma de la crucifixión lo confirma) deben imputarse en último término a la autoridad romana», afirmó.

El padre Cantalamessa sintetizó la posición de la Iglesia católica citando el número 4 de la declaración del Concilio Vaticano II «Nostra Aetate»: «Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy».

«En esta afirmación se da una cierta convergencia con la misma tradición judía del pasado --explicó--. De las noticias sobre la muerte de Jesús, presentes en el "Talmud" y en otras fuentes judías (si bien tardías e históricamente contradictorias) surge un elemento: la tradición judía nunca ha negado una participación de las autoridades de la época en la condena de Cristo. No fundamentó su defensa negando el hecho; en todo caso, negó que desde el punto de vista judío constituyera un delito o que su condena haya sido injusta».

«Como creyentes, quizá tenemos que superar la afirmación de la no culpabilidad del pueblo judío y ver en el sufrimiento injusto que por este motivo ha sufrido en la historia como algo que le pone de parte del Siervo sufriente de Dios y, por tanto, para nosotros cristianos, de parte de Jesús», pidió el predicador.

«Edith Stein había comprendido en este sentido el drama que se estaba gestando para ella y para su pueblo en la Alemania de Hitler --recordó citando a la carmelita convertida del judaísmo que murió en un campo de concentración--: "Allí, bajo la cruz, comprendí el destino del pueblo de Dios. Pensé: aquellos que saben que esta es la cruz de Cristo tienen el deber de cargar con ella, en nombre de todos los demás"».

«En vez de hablar de la responsabilidad del pueblo judío por la muerte de Cristo se debería hablar de la responsabilidad del pueblo cristiano por la muerte de los judíos --siguió aclarando--. Es lo que Juan Pablo II hizo en el mes de marzo del año jubilar, al poner en una fisura del muro de las lamentaciones de Jerusalén la petición de perdón por los sufrimientos causados por los cristianos al pueblo de Israel».

«Un comunicado del Congreso Judío de Canadá dice que la película de Gibson puede convertirse, si queremos, en una "oportunidad" para judíos y cristianos para avanzar en el camino de la reconciliación y de la amistad», reveló el predicador.

«Para mí --concluyó--, y estoy seguro que para muchos cristianos, todo lo que se ha escrito sobre esta película (la película no, pues no la he visto) ha servido para aumentar el sentimiento de la inmensa gratitud que debemos al pueblo judío por haber dado al mundo a Jesús de Nazaret y por el precio incalculable que ha tenido que pagar a causa de este don».

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Desde Madrid


Queridos amigos en el Señor gracias por vuestras oraciones. Estuve con mucha Paz

El panorama era muy triste, contrastaba el ir y venir de profesionales de todo tipo: servicios médicos, protección civil, sanitarios, policía, profesionales de la salud mental, voluntarios... con los rostros de tantos y tantos familiares que allí había esperando noticias de su ser querido desaparecido.

Cuando yo me incorporé a realizar este servicio habían pasado 24 horas del atentado terrorista. La labor de los forenses se hacía cada vez más difícil pues los cadáveres que quedaban estaban en muy malas condiciones sin contar con las 16 bolsas de restos humanos que había que analizar.

Se preguntaba a los familiares todo tipo de datos que pudieran ayudar en esta tarea: tatuajes, uñas pintadas, ropa, cicatrices... pero aún así no serán identificados todos los fallecidos pues algunos quedaron totalmente destrozados.
La labor de los profesionales de salud mental era estar, por parejas, con los familiares de aquellos que aún figuraban como desaparecidos. Estas personas llevaban, algunas de ellas, casi 24 horas de espera, las caras desencajadas, miradas tristes, interrogantes sin resolver, desesperanza en su mirada, miedo al futuro.
(Para los que no sois de Madrid, deciros que esos trenes suelen trasladar a pasajeros en su mayoría de situaciones económicas humildes. Un 35% eran de otras naciones)

Yo estuve con 2 familias una de un chico cubano de 27 años de edad que había venido a España hace 3 años y trabajaba de calefactor y otra de una joven ecuatoriana de 25 años de edad, soltera, que llevaba 1 año en España, y estaba aún sin documentación legal.
Cuando dejé el servicio el joven cubano ya había sido reconocido su cadáver, en cuanto a la joven de ecuador todavía no sabían nada y por el dato que antes os he dicho supongo que pocas esperanzas habría.
Por la noche se trasladarían los restos de las bolsas al anatómico forense para pruebas más sofisticadas de ADN etc.

Otro dato que os quería trasmitir era la figura de los sacerdotes. Cada hora se oficiaba misa por los difuntos.
Es curioso,hace años en vez profesionales de la salud mental, la gente hubiera preferido sacerdotes, pero pese a todo allí estaban estos cruzados de Cristo vestidos con sus trajes negros (¿sabíais que algunas veces por las calles les llaman cucarachas?) para dar testimonio y llevar esperanza dentro de esta desesperación.

Por la tarde, no por darme méritos, acudimos mi marido mis 4 hijos y yo como tantos millones de españoles a manifestarnos en contra del terrorismo, el ambiente te ponía los pelos de punta, había todo tipo de personas desde niños en sillitas hasta personas muy mayores con bastones para poder andar. Desde jóvenes muy "modernos"hasta muy "conservadores"desde personas solas hasta familias completas, impresionante.

La lluvia no freno la asistencia, los metros estaban abarrotados, nos dejaban a 3 y cuatro paradas más lejos de donde era la manifestación pero pese a todo, la lluvia, el meternos sin querer los paraguas por los ojos unos a otros..nada impidió que llegáramos aunque sea para hacer bulto como me decía mi hija mayor, María.

Perdonar mi "rollo" pero os que querido hacer partícipes un poquitín de lo que estamos viviendo en Madrid. Gracias de nuevo por vuestras oraciones. La Paz

Envió: Rosario - Amigos de Mercabá

   jueves, marzo 11, 2004

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Comunicado de www.catequesis.net:
El Portal para Catequesistas.


En esta ocasión os escribimos para compartir con vosotros nuestro dolor y sufrimiento por el criminal atentado pertetrado hoy en España por unos terroristas. Hemos interrupido nuestra actividad habitual en la web en señal de duelo por todas las víctimas. Si este correo llegase a algún afectado directo en el suceso que sepa que nuestro corazón y nuestras oraciones están con ellos.

Hoy en España han muerto más de 190 personas víctimas mortales de un brutal atentado con unos 1000 heridos.
Desde aquí nos unimos al sufrimiento de todas personas que sufren por causa de la violencia, de todo tipo de violencia en todo momento y en todo lugar.

Más información en http://www.catequesis.net/actualidad.htm

Oremos por un mundo de paz, justicia y amor; oremos y trabajemos por el Reino de Dios.
¡Paz a todos!


ORACIÓN:

Está escrito:
"Bienaventurados los pacificadores, ellos serán llamados hijos de Dios". Como hijos de Dios, decidimos ahora ser protectores de la Paz. Junto con personas en todas partes del mundo trabajamos para crear Paz en el planeta. Confiamos en el poderoso Amor de Dios, que guía incesantemente nuestros pasos para establecer un nuevo orden y bendecir al Mundo. La presencia de Dios establece la Paz en nuestro interior, y la irradiamos a todos aquellos que cruzan nuestro camino.
Anclada en Dios, nuestra Paz está asegurada. Nuestros pensamientos, palabras y acciones reflejan la Paz interior con la que Dios nos bendice; y nosotros, por nuestra parte, ofrecemos tranquilidad y serenidad a nuestro mundo y hoy decidimos ser PROTECTORES DE LA PAZ Tenemos calma en nuestro Espíritu, con la creciente conciencia del Amor y la Paz de Dios.


Existe un gran poder en la oración unida. Uno de los primeros pasos es el pedir a las personas en todas partes del mundo que cada día mantengan un pensamiento para la Paz Mundial en nuestro Mundo con la siguiente oración


"Que haya paz en la Tierra, y que comience con El amor de Dios en mi corazón".

Ahora más que nunca creemos que el mundo necesita oración. Por favor, únete a miles de personas en cada rincón del mundo al hacer una pausa para la Paz cada día.

Paz a todos.

http://www.catequesis.net/
info@catequesis.net

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NUNCA MÁS!!!







Este mensaje lo dedico a todas las personas que perecieron en los atentados terroristas que el día de hoy se dieron en España.
Que el Dios del Cielo reciba sus almas, y de fortaleza a las familias de las víctimas.
Que tome el corazón de quienes atentan de esta forma contra la vida de los demás y los haga arrepentirse para que sus almas no se pierdan.
Que en este día, nuestra oración sea por ellos y por España.

Texto enviado por Arturo Quirós Lépiz de Mensajes Vida

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Una niña escribe a Dios


Antonietta Meo nació en Roma el 15 de diciembre de 1930. Muy pronto tuvo que sufrir lo indecible por culpa de un cáncer de huesos especialmente agresivo. No había cumplido 6 años cuando, el 25 de abril de 1936, le es amputada la pierna izquierda.

Con una pierna ortopédica pudo seguir yendo a la escuela, y se preparó con la ilusión propia de todos los niños a la primera comunión. Recibió a Jesús Eucaristía en la Navidad de 1936.

Los tres meses que la prepararon a ese gran día se desarrolló una curiosa aventura espiritual. Antonietta (en casa le llaman Nennolina) pide a su madre, Maria Ravaglioli, que le escriba algunas cartas, cartas dirigidas a Jesús, a Dios Padre, al Espíritu Santo, a la Trinidad, a la Virgen o, a algún santo. Su madre se pone a escribir lo que su hija le dicta. Cada noche pone las cartas debajo de una estatua del Niño Jesús, al pie de la cama: así las podrán leer sus destinatarios.

Una niña de seis años escribe a Dios, y le dice cosas tan sencillas y tan familiares como esta:

“Querido Dios Padre: ¡Dios! ¡Padre! ¡Padre...! ¡Qué bonito nombre...! ¡Querido Dios Padre...! Haz que pronto me cure para que este domingo pueda recibir el sacramento de la confesión. Querido Dios Padre: me gusta tanto este nombre, porque quiere decir padre de todo el mundo. Tú que eres el creador... manda el Espíritu Santo sobre todos nosotros. Querido Dios Padre, te quiero muchísimo” (22 de noviembre de 1936).

¿Qué puede sentir Dios al leer estar cartas? No lo sabemos, pero Nennolina hablaba con Él como puede haberlo cualquier niño con el mejor de sus amigos.

El cáncer no perdonaba. Después de recibir la confirmación, el 19 de mayo de 1937, los dolores se hacen más intensos. Antonietta avanza hacia la muerte en medio de una paz profunda y de un amor creciente hacia Jesús. El 12 de junio ingresan a la niña en el hospital, y tienen que extraerle líquido de los pulmones. Sufre mucho, pero no deja de sonreír. El 3 de julio de 1937 susurra sus últimas palabras: “Dios... mamá... papá...”. Y muere con una sonrisa.

Fuente: es.catholic.net (1-3-2004)
Autor: P. Fernando Pascual



Hasta las lágrimas...
Tal vez por el día que nos toca vivir...

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Telegrama de pésame remitido por Su Santidad Juan Pablo II:


SEÑOR CARDENAL ANTONIO MARÍA ROUCO VARELA

ARZOBISPO DE MADRID

AL CONOCER LA TRISTE NOTICIA DE LOS EXECRABLES ATENTADOS TERRORISTAS PERPETRADOS ESTA MAÑANA EN LAS ESTACIONES DE ATOCHA, EL POZO DEL T?O RAIMUNDO Y SANTA EUGENIA DE ESA CAPITAL, QUE HAN CAUSADO TANTOS MUERTOS Y NUMEROSISIMOS HERIDOS ENTRE LOS CIUDADANOS QUE SE DIRIGÑAN A SUS PUESTOS DE TRABAJO, Y CON CRUELDAD HAN SUMIDO EN DOLOR A SUS FAMILIAS Y A LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN GENERAL, EL SANTO PADRE DESEA REITERAR SU FIRME Y ABSOLUTA REPROBACIÓN DE TALES INJUSTIFICABLES ACTOS QUE OFENDEN A DIOS, VIOLAN EL FUNDAMENTAL DERECHO A LA VIDA Y SOCAVAN LA PACÍFICA CONVIVENCIA, ANHELADA VIVAMENTE POR LAS COMUNIDADES ECLESIALES Y POR EL NOBLE PUEBLO ESPAÑOL.

SU SANTIDAD, MIENTRAS OFRECE SUFRAGIOS POR EL ETERNO DESCANSO DE LOS FALLECIDOS, ASEGURA SU CERCANÍA A LAS FAMILIAS QUE LLORAN A SUS SERES QUERIDOS. A LA VEZ QUE RUEGA A VUESTRA EMINENCIA QUE LES HAGA LLEGAR SU MÁS SENTIDO PÉSAME, EXPRESA SUS MEJORES DESEOS POR UN PRONTO RESTABLECIMIENTO DE LOS HERIDOS.

ALENTANDO AL QUERIDO PUEBLO ESPAÑOL A PROSEGUIR CON CONSTANCIA Y SIN DESÁNIMOS EN EL CAMINO DE UNA CONVIVENCIA PACÍFICA Y SERENA, INVOCA SOBRE TODOS LA PROTECCIÓN DE LA VIRGEN INMACULADA Y, EN PRUEBA DE AFECTO Y SEÑAL DE ESPERANZA, LE IMPARTE LA BENDICIÓN APOSTÓLICA.

CARDENAL ANGELO SODANO
SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD


Tomado de Sweet Rome

Vaya, desde Argentina, mi oracion por las víctimas y familiares de esta barbarie...

El Señor les de Su Paz y les muestre Su Rostro.

   miércoles, marzo 10, 2004

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Ayuno de Cuaresma


Ayuna de juzgar a otros l1énat Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases que purifican.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de optimismo.
Ayuna de preocupaciones llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de apreciar lo que te rodea.
Ayuna de las presiones que no cesan: llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura: llénate de perdón.
Ayuna de la importancia de tu mismo: llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad personal: llénate de esperanza eterna en Cristo crucificado.
Ayuna de desaliento: llénate de esperanza.
Ayuna de pensamientos de debilidad: llénate de las promesas que inspiran.
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús: llénate de todo lo que a El te acerque.

Mi amigo José consiguió este texto en la Dioscesis de San Martín de los Andes y me lo acercó el domingo a misa...

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BUSCAR A DIOS


No le reces a Dios mirando al cielo, ¡mira hacia adentro!
No busques a Dios lejos de ti, sino en tí mismo...

No le pidas a Dios lo que te falta: ¡búscalo tú mismo!, y Dios lo buscará contigo, porque ya te lo dio como promesa y como meta para que tú lo alcances...


No reproches a Dios por tu desgracia; ¡súfrela con Él! y Él sufrirá contigo; y si hay dos para un dolor, se sufre menos...

No le exijas a Dios que te gobierne a golpe de milagros desde afuera; ¡gobiérnate tú mismo! con responsable libertad, amando, y Dios te estará guiando ¡desde adentro y sin que sepas cómo!..

No le pidas a Dios que te responda cuando le hablas; ¡respóndele tú!, porque Él te habló primero; y si quieres seguir oyendo lo que falta escucha lo que ya te dijo...

No le pidas a Dios que te libere, desconociendo la libertad que ya te dió. ¡Anímate a vivir tu libertad! y sabrás que sólo fue posible porque tu Dios te quiere libre...

No le pidas a Dios que te ame, mientras tengas miedo de amar y de saberte amado. ¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor es porque hubo fuego, y que si tu puedes amar es porque Él te amó primero.

San Agustín

Vía Crucis

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Hace un año, mi amigo Claudio me reprochaba no haber publicado el Vía Crucis con tiempo (entregué 1 estación por día los últimos 15 días de Cuaresma) para poder usarlo en la parroquia...
Bueno, este año les recuerdo que acá lo pueden encontrar junto o separado, como quieran, sigueéndo los vínculos....
Además les agrego un vínculo en la sección Liturgia


1º Estación
2º Estación
3º Estación
4º Estación
5º Estación
6º Estación
7º Estación
8º Estación
9ºEstación
10º Estación
11º Estación
12º Estación
13º Estación
14º Estación

   martes, marzo 09, 2004

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Historia de la conversión del rabino de Roma


Roma, MAR 9 (AICA): “Antes del alba” se titula la autobiografía de quien fue rabino de Roma durante la II Guerra Mundial, y que en 1945 se hizo cristiano. El libro contiene las confesiones de Israele Zoller, quien al ser bautizado tomó el nombre de Eugenio en honor de Eugenio Pacelli, Pío XII. A quien lo acusaba de traidor por haberse bautizado, Zolli respondió: “No renegué de nada; tengo la conciencia tranquila. El Dios de Jesucristo, ¿no es acaso el mismo Dios de Abraham, Isaac y Jacob? Pablo fue un convertido. ¿Abandonó acaso al Dios de Israel? ¿Dejó de amar a Israel? Pensar algo así es absurdo”.

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Acerca de los "Opinólogos"


"El necio se goza más en el afán de opinar y de defender una idea, sea cual fuere, que en buscar la verdad."

Interesante nota la que nos propone Martín para leer entre Mendoza y Filadelfia...

Al respecto, la frase del Qijote:
"Ladran Sancho, señal que cabalgamos..."

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Crucigramas Bíblicos


Descarguen a su máquina estos entretenidos crucigramas bíblicos o utilícenlos para sus grupos de catequesis. Los pueden encontrar acá.

   lunes, marzo 08, 2004

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Mi Discapacidad



Mi discapacidad de amor....
porque solo quiero a los que acepto...
cuando debo querer a todos.

Mi discapacidad de raciocinio...
porque solo entiendo lo que me conviene....
aunque la razon no me pertenezca.

Mi discapacidad de comunicacion...
porque creo que solo lo mio es importante...
cuando hay tanto que escuchar.

Mi discapacidad de ver...
porque solo le presto atencion a lo bello...
aun sabiendo que todo tiene su lado hermoso.

Mi discapacidad de creer...
porque lo quiero al instante...
sin siquiera tener una esperanza.

Mi discapacidad a crecer...
porque me aferro a solo a lo que tengo...
aun sabiendo que desprendiendome de todo es la ruta a la grandeza.

Mi discapacidad a bendecir al projimo...
porque me averguenza que sepan que tengo fe...
aun sabiendo que cada que me lo dicen, me llena de energia divina...
de vida!

Envió: Arturo Quirós Lépiz -Mensajes Vida

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La oración transforma en Dios, asegura Juan Pablo II


La Cuaresma, tiempo para acercarse a Cristo, propone

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 7 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II presentó este domingo la Cuaresma como momento privilegiado para descubrir y seguir a Cristo a través de la fuerza transformadora de la oración.

El pontífice hizo esta propuesta, en la que condensó el mensaje central de su pontificado, al comentar junto a varios miles de peregrinos el pasaje del Evangelio que presentaba la liturgia del día, la transfiguración de Cristo.

«La Cuaresma nos invita a seguir a Cristo en el misterio de su oración, manantial de luz y de fuerza en la hora de la prueba», explicó el Papa antes de rezar la oración mariana del «Angelus» en una breve meditación.

«Rezar, de hecho, significa sumergirse con el espíritu en Dios, en actitud de humilde adhesión a su voluntad», aclaró el sucesor del apóstol Pedro ante los fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

«De este abandono confiado en Dios deriva la luz interior que transfigura al hombre, haciendo de él un testigo de la resurrección», añadió. «Pero esto sólo puede tener lugar si se escucha y se sigue a Cristo fielmente hasta la pasión y la cruz».

Esta es la «exhortación», explicó el obispo de Roma, que dirigió «al mundo entero hace veinticinco años, precisamente al inicio de la Cuaresma, en la encíclica “Redemptor hominis”». Aquel documento se convirtió en una especie de manifiesto con los puntos centrales de este pontificado.

El pontífice resumió el mensaje central de aquella encíclica programática con estas palabras: «Si el ser humano quiere comprenderse a sí mismo hasta el fondo tiene que acercarse a Cristo, tiene que entrar en Él, debe “apropiarse” y asimilar toda la realidad de la Redención».

Este mensaje, constató el Santo Padre, sigue siendo hoy de gran «actualidad». A la luz de Cristo y de su visión del ser humano, concluyó, es posible «construir un mundo que esté realmente a la medida del hombre».

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