lunes, febrero 28, 2005

Acompañando a Jesús en La Cruz

El Vía Crucis

El Vía Crucis es una tradición que tenemos los cristianos para seguir los pasos de nuestro Señor Jesús en el Calvario. Como dice San Juan: "Dios es amor" y la mayor manifestación de ese amor es en el momento de su muerte. Jesús se entrega totalmente a los hombres, pasa por la dificultad de la Cruz y nos salva de todos nuestros pecados. Cuando uno revive el Vía Crucis no es para sufrir, sino para aprender del amor que Dios nos tiene, ese amor incondicional, el de dar su vida por nosotros.

Jesús nos amo y se dio del todo, con su muerte pago por todos nuestros pecados. Al realizar el Vía Crucis nos disponemos a acompañarlo por el camino del dolor, a ofrecerle nuestro pobre corazón, a amarlo y a agradecerle por su amor incondicional.

Pidámosle a nuestro Señor, que nos permita acompañarlo en este viaje, que podamos ver con atención sus pasos en la Cruz, cada una de sus palabras, y por sobre todas las cosas, el amor que nos tiene. Junto a él aprenderemos a llevar nuestra propia Cruz.


Acompaña a Nuestro Señor durante su pasión mediante la devoción del Via Crucis.
Vía Crucis
( San Alfonso María Ligorio)

El camino de la cruz
Arrodíllate ante el altar, haz un Acto de Contrición, y forma la intención de ganar las indulgencias bien para ti, o para las almas en el Purgatorio.

Después di:

SEÑOR mío Jesucristo, Vos anduvisteis con tan grande amor este camino para morir por mí, y yo os he ofendido tantas veces apartándome de Vos por el pecado; mas ahora os amo con todo mi corazón, y porque os amo, me arrepiento sinceramente de todas las ofensas que os he hecho. Perdóname, Señor, y permíteme que os acompañe en este viaje. Vais a morir por mi amor, pues yo también quiero vivir y morir por el vuestro, amado Redentor mío. Si, Jesús mío, quiero vivir siempre y morir unido a Vos.


PRIMERA ESTACIÓN
Jesús sentenciado a muerte


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y coronado de espinos, fue injustamente sentenciado por Pilato a morir crucificado.

(Aquí se hace una pequeña pausa para considerar brevemente el misterio, y lo mismo en las demás estaciones.)

ADORADO Jesús mío: mis pecados fueron más bien que Pilato, los que os sentenciaron a muerte. Por los méritos de este doloroso paso, os suplico me asistáis en el camino que va recorriendo mi alma para la eternidad. Os amo, ¡ oh Jesús mío más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mi como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz


V. Te adoramos, Cristo. y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, andando este camino con la cruz a cuestas, iba pensando en ti y ofreciendo a su Padre por tu salvación la muerte que iba a padecer.

AMABILÍSIMO Jesús mío: abrazo todas las tribulaciones que me tenéis destinadas hasta la muerte, y os ruego, por los méritos de la pena que sufristeis llevando vuestra Cruz, me deis fuerza para llevar la mía con perfecta paciencia y resignación. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús cae la primera vez debajo de la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera esta primera caída de Jesús debajo de la Cruz. Sus carnes estaban despedazadas por los azotes; su cabeza coronada de espinas, y había ya derramado mucha sangre, por lo cual estaba tan débil, que apenas podía caminar; llevaba al mismo tiempo aquel enorme peso sobre sus hombros y los soldados le empujaban; de modo que muchas veces desfalleció y cayó en este camino.

AMADO Jesús mío: más que el peso de la Cruz, son mis pecados los que os hacen sufrir tantas penas. Por los méritos de esta primera caída, libradme de incurrir en pecado mortal. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio !, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


CUARTA ESTACIÓN
Jesús encuentra a su afligida madre


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera el encuentro del Hijo con su Madre en este camino. Se miraron mutuamente Jesús y Maria, y sus miradas fueran otras tantas flechas que traspasaron sus amantes corazones.

AMANTÍSIMO Jesús mío: por la pena que experimentasteis en este encuentro, concededme la gracia de ser verdadero devoto de vuestra Santísima Madre. Y Vos, mi afligida Reina, que fuisteis abrumada de dolor, alcanzadme con vuestra intercesión una continua y amorosa memoria de la Pasión de vuestro Hijo. Os amo, ¡Oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

QUINTA ESTACIÓN
Simón ayuda a Jesús a llevar la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los judíos, al ver que Jesús iba desfalleciendo cada vez más, temieron que se les muriese en el camino y, como deseaban verle morir de la muerte infame de Cruz, obligaron a Simón el Cirineo a que le ayudase a llevar aquel pesado madero.

DULCÍSIMO Jesús mío: no quiero rehusar la Cruz, como lo hizo el Cirineo, antes bien la acepto y la abrazo; acepto en particular la muerte que tengáis destinada para mí, con todas las penas que la han de acompañar, la uno a la vuestra, y os la ofrezco. Vos habéis querido morir por. mi amor, yo quiero morir por el vuestro y por daros gusto; ayudadme con vuestra gracia. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.



Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

SEXTA ESTACIÓN
La Verónica limpia el rostro de Jesús

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo la devoto mujer Verónica, al ver a Jesús tan fatigado y con el rostro bañado en sudar y sangre, le ofreció un lienzo. y limpiándose con él nuestra Señor, quedó impreso en éste su santa imagen.

AMADO Jesús mío: en otro tiempo vuestro rostro era hermosisímo; mas en este doloroso viaje, las heridas y la sangre han cambiado en fealdad su hermosura. ¡ Ah Señor mío, también mi alma quedó hermosa a vuestros ojos cuando recibí la gracia del bautismo, mas yo la he desfigurado después con mis pecados. Vos sólo, ¡ oh Redentor mío!, podéis restituirle su belleza pasada: hacedlo por los méritos de vuestra Pasión. Os amo, ¡oh Jesús, amor mío!, más que a mi mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús cae la segunda vez con la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la segunda caída de Jesús debajo de la Cruz, en la cual se le renueva el dolor de las heridas de su cabeza y de todo su cuerpo al afligido Señor.

OH pacientísimo. Jesús mio. Vos tantas veces me habéis perdonado, y yo he vuelto a caer y a ofenderos. Ayudadme, por los méritos de esta nueva caída, a perseverar en vuestra gracia hasta la muerte. Haced que en todas las tentaciones que me asalten, siempre y prontamente me encomiende a Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío! más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.

OCTAVA ESTACIÓN
Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo algunas piadosas mujeres, viendo a Jesús en tan lastimosa estado, que iba derramando sangre por el camino, lloraban de compasión; mas Jesús les dijo: no lloréis por mí, sino por vosotras mismas y por vuestras hijos.

AFLIGIDO Jesús mío: lloro las ofensas que os he hecho, por los castigos que me han merecido, pero mucho más por el disgusto que os he dado a Vos, que tan ardientemente me habéis amado. No es tanto el Infierno, como vuestro amor, el que me hace llorar mis pecados. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús cae por tercera vez con la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera la tercera caída de Jesucristo. Extremada era su debilidad y excesiva la crueldad de los verdugos, que querían hacerle apresurar el paso, cuando apenas le quedaba aliento para moverse.

ATORMENTADO Jesús mío: por los méritos de la debilidad que quisisteis padecer en vuestro camino al Calvario, dadme la fortaleza necesaria para vencer los respetos humanos y todos mis desordenados y perversos apetitos, que me han hecho despreciar vuestra amistad. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es despojado de sus vestiduras


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo al ser despojado Jesús de sus vestiduras por los verdugos, estando la túnica interior pegada a las carnes desolladas por los azotes, le arrancaran también con ella la piel de su sagrado cuerpo. Compadece a tu Señor y dile:

INOCENTE Jesús mío: por los méritos del dolor que entonces sufristeis, ayudadme a desnudarme de todos los afectos a las cosas terrenas, para, que pueda yo poner todo mi amor en Vos, que tan digno sois de ser amado. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, tendido sobre la Cruz, alarga sus pies y manos y ofrece al Eterno Padre el sacrificio de su vida por nuestra salvación; le enclavan aquellos bárbaros verdugos y después levantan la Cruz en alto, dejándole morir de dolor, sobre aquel patíbulo infame.

OH despreciado Jesús mío. Clavad mi corazón a vuestros pies para que quede siempre ahí amándoos y no os deje más. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido: no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez: haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


DUODÉCIMA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía, consumido de dolores y exhausto de fuerzas su cuerpo, inclina la cabeza y expía en la Cruz.

OH difunto Jesús mío. Beso enternecido esa Cruz en que por mí habéis muerto. Yo, por mis pecados, tenía merecida una mala muerte, mas la vuestra es mi esperanza. Ea, pues. Señor, por los méritos de vuestra santísima muerte, concededme la gracia de morir abrazado a vuestros pies y consumido por vuestro amor. En vuestras manos encomiendo mi alma. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz


V. Te adoramos. Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo, habiendo expirado ya el Señor, le bajaron de la Cruz dos de sus discípulos. José y Nicodemo, y le depositaran en los brazos de su afligida Madre, María, que le recibió con ternura y le estrechó contra su pecho traspasado de dolor.

OH Madre afligida. Por el amor de este Hijo, admitidme por vuestro siervo y rogadle por mí. Y Vos, Redentor mío, ya que habéis querido morir por mí, recibidme en el número de los que os aman más de veras, pues yo no quiero amar nada fuera de Vos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mío!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús colocado en el sepulcro


V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Considera cómo los discípulos llevaron a enterrar o Jesús, acompañándole también su Santísima Madre, que le depositó en el sepulcro con sus propias manos. Después cerraron la puerta del sepulcro y se retiraron.

OH Jesús mío sepultado. Beso esa losa que os encierra. Vos resucitasteis después de tres días; por vuestra resurrección os pido y os suplico me hagáis resucitar glorioso en el día del juicio final para estar eterna-mente con Vos en la Gloria, amándoos y bendiciéndoos. Os amo, ¡ oh Jesús, amor mio!, más que a mí mismo, me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido; no permitáis que vuelva a separarme de Vos otra vez; haced que os ame siempre y disponed de mí como os agrade. Amén.

Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

Amado Jesús mío,
Por mí vas a la muerte,
Quiero seguir tu suerte,
Muriendo por tu amor;
Perdón y gracia imploro,
Transido de dolor.


(San Alfonso María de Ligorio)
Fuente:Iglesia.org

El Vaticano pone a disposición un e-mail para enviar mensajes al Papa

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 febrero 2005 (ZENIT.org).- En estos momentos en los que Juan Pablo II se encuentra hospitalizado en el Policlínico Agostino Gemelli, la Santa Sede ha puesto a disposición una dirección de correo electrónico para todas las personas que quieran hacerle llegar un mensaje de cercanía.

La dirección para las personas de lengua española, comunicada a través de la página web del Vaticano (http://www.vatican.va) es juan_pablo_ii@vatican.va.

viernes, febrero 04, 2005

Especial de Cuaresma y Semana Santa en Iglesia.cl

ROMA, jueves, 3 febrero 2005 (ZENIT.org).- El próximo 9 de Febrero, Miércoles de Ceniza, la Iglesia inicia el tiempo de Cuaresma, 40 días de preparación para celebrar los misterios centrales de nuestra fe.

Para acompañar ese proceso, el portal de la Conferencia Episcopal de Chile, www.iglesia.cl, ha publicado un Especial con diferentes recursos para acompañar la vivencia cristiana de la Cuaresma.

El Especial incluye oraciones, textos para meditar durante cada día de la Semana Santa, y didácticos recursos para que los niños puedan comprender el significado de este tiempo. Entre estos últimos se cuentan dibujos y sugerencias de actividades para realizar con los más pequeños durante los días sagrados.

También ofrece un Vía Crucis virtual que recorre las estaciones por la Ciudad Santa de Jerusalén, y recursos multimedia para que los agentes evangelizadores puedan descargar y aprovechar en sus comunidades parroquiales

miércoles, febrero 02, 2005

¿Por qué no renuncia el Papa?

Los parámetros de la salud del Papa están «dentro de normalidad»
Desde esta tribuna querría dirigir una palabra de agradecimiento a aquellos que -desde hace tiempo- se compadecen de Juan Pablo II, ya que no les parece oportuno que continúe gobernando la Iglesia con tan precaria salud. No se crea el lector que va de broma este agradecimiento. No, ni lo más mínimo: lo digo seriamente. Si no fuera por ellos, el Papa Wojtyla ahora mismo no sería una imagen tan nítida de Cristo colgado y, a la vez, viviente en la Cruz.

Sí, al pie de la Cruz también había un buen grupo que ni de lejos intuían la trascendencia de aquel espectáculo (patético ante los ojos mundanos). Y retaban a Cristo: "Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz (...). Que baje ahora de la cruz, y creeremos en él" (Mt 27, 40.42). Ahora, en el amanecer del tercer milenio, los propios descendientes de aquella "peña" le dicen "sensateces" del mismo estilo al actual Vicario de Jesucristo: "Presenta la renuncia y demuéstranos que no eres avaricioso del poder"; "renuncia y creeremos en tu humildad"...

Pero resulta que el Señor no bajó de la Cruz. Éste es el hecho. Él no nos redimió ni con brillantes sermones (que los hizo), ni con milagros (que también los hizo). Jesús nos salvó definitivamente con el espectáculo del Calvario, con el dolor asumido obediente y voluntariamente para ofrecerlo al Padre como propiciación por nuestros pecados. Ésta es nuestra fe. Y este convencimiento nos permite sospechar que el pontificado de Juan Pablo II se encuentra en estos momentos en una etapa de madurez (precisamente gracias a su dolor y a sus impedimentos físicos).

Desde aquel solemne atardecer de la muerte de Jesucristo, la Iglesia se ha gobernado con oración y dolor. Y ahora resulta que el Papa Wojtyla sufre dolor en la propia carne, pero -a la vez- tiene la cabeza suficientemente clara como para rezar, ofreciendo sus dolores por la Humanidad entera. Es el icono del Cristo vivo y colgado en la Cruz.

Claro está que estas mismas personas se preguntan qué pasaría -llegado el momento- si el Papa no tuviera la cabeza clara: ¿cómo podría, entonces, gobernar? Es comprensible y digna de ser agradecida esta insistente "preocupación" por el Santo Padre. Pero no olvidemos que de Pedro y de sus sucesores se ocupa el Espíritu Santo personalmente. De hecho, aun cuando podría no haber sido así, no se conoce en la historia de la Iglesia ningún caso de Romano Pontífice que haya padecido demencia senil. Ni uno sólo. ¡Y eso que de todo ha ocurrido!

Además, el sentido común me hace recordar la cantidad de hitos, éxitos, hechos de extraordinario valor y maravillas que habríamos dejado de ver si Karol Wojtyla hubiera hecho caso cuando empezaron -ya desde los años 80- a decir y repetir que él tenía que renunciar por motivos de salud. Probablemente nunca como ahora la institución del Pontificado ha tenido tanto prestigio; como tampoco nunca antes había logrado unas dimensiones y un alcance tan amplios como ahora. Mientras los medios de comunicación hablan y hablan del estado de salud del Papa, él reúne miles y miles de personas (algunas veces han sido millones). Y de eso no hablan, como si no tuviera ninguna relevancia. No es cosa nueva: los que asistieron al Calvario tampoco se dieron cuenta de la importancia y de la repercusión que iba a tener para siempre el gesto de Cristo en la Cruz. ¡Gracias, Juan Pablo II!



Fuente: E-cristians.net - Catholic.net
Autor: Antoni Carol i Hostench




Al respecto de esto, estas son las últimas noticias:

Los parámetros de la salud del Papa están «dentro de normalidad»


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 1 febrero 2005 (ZENIT.org).- Las condiciones de Juan Pablo II «están dentro de los límites de la normalidad», aunque se mantienen ciertas dificultades respiratorias provocadas por la gripe que le aqueja desde el domingo, según ha revelado el portavoz vaticano.

En la mañana de este martes, Joaquín Navarro Valls, director de la Oficina de Información de la Santa Sede, publicó una declaración para informar sobre el estado de salud del Santo Padre que pasó la noche entre el martes y el miércoles en el hospital Agostino Gemelli de Roma.

Poco antes de abandonar el hospital, el portavoz afirmó que «la situación es tranquila» y que en el Santo Padre estaba presidiendo desde su cama la misa, celebrada por su secretario, el arzobispo Stanislaw Dziwisz.

«En la noche pasada, se han continuado los tratamientos de asistencia respiratoria que han permitido la estabilización de la situación clínica. Los parámetros cardio-respiratorios y metabólicos, en estos momentos, están dentro de los límites de la normalidad», afirmó el portavoz poco después en el comunicado de prensa.

«Por tanto, se confirma el diagnóstico de laringetraqueitis aguda con momentos de laringoespasmo, como ya se había comunicado ayer por la noche», añadió Navarro Valls.

«Durante la noche el Santo Padre ha descansado durante algunas horas», siguió diciendo.

En esta hospitalización, el Santo Padre es seguido por el equipo médico del profesor Rodolfo Proietti, director del Departamento de Emergencia, informó por último Navarro Valls.

El Papa fue hospitalizado a las 22.50 horas de la noche de este martes «de manera urgente» aunque por motivos de precaución, según había declarado el portavoz en la noche.

El Santo Padre se encuentra en la habitación que tiene reservada habitualmente para él el Hospital Gemelli, en el que siempre ha sido internado desde el atentado de 1981.

Según se ha podio saber, en la noche el pontífice fue sometido a exámenes radiográficos y un TAC.

La Santa Sede había anunciado la cancelación de las audiencias del Papa este lunes en espera de ver cómo evolucionaba la situación.