martes, mayo 31, 2005

Hoy celebramos...
La Visitación de la Santísima Virgen María


Esta fiesta fue primeramente observada por los frailes menores en el siglo XIII y se extendió al mundo occidental, desde el año de 1389.

Al mismo tiempo que el Ángel Gabriel anunció a María la Encarnación del Hijo de Dios, le dió la noticia de que su parienta Isabel, estéril y de edad avanzada, tenía en su vientre, hacía seis meses, un hijo destinado a ser el Precursor del Mesías. María, llena de gracia y animada por el Espíritu Santo, partió sin dilación a visitarla. Marcha de prisa, porque siente en sus entrañas -Primera Procesión del Corpus- la presencia del Huésped, y ese dulce peso pone alas a sus pies.

"Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz". Efectivamente, imaginarse a María por aquellos áridos caminos, en la primavera florida de sus quince años, llevando en sus entrañas el divino Secreto, saltando y volando en alas del gozo y del amor, es una estampa lírica sin par..

Llegó a una ciudad de las montañas de Judea. La tradición señala a Aín-Karim como esa ciudad de Judá. Entrando María en casa de Zacarías, esposo de Isabel, saludó a ésta. Y sucedió que el niño que Isabel llevaba en sus entrañas, saltó de gozo e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". Y nace de los labios de María el Magníficat, canto de humildad y de agradecimiento, que introduce un sistema nuevo de valores. Este cántico es un resumen de la Biblia, síntesis de la historia de la salvación. Anuncia la verdadera revolución, no la de los hombres, sino la
de Dios.

La Virgen de la Visitación, caminando de prisa, es una imagen fascinante.
Primero ha dicho "si" a Dios. Luego ese "si", convertido en mensaje, lo participa a los demás. La Anunciación es lo que le ha sucedido a María. La Visitación es lo que María hace que suceda en los demás, por su prontitud, generosidad y confianza.

Fuente: Santoral - Encuentra.com

lunes, mayo 30, 2005

¿Por qué tantas religiones?

PREGUNTA

Pero si el Dios que está en los cielos, que ha salvado y undo, es Uno solo y es El que se ha revelado en Jesucristo, ¿por qué ha permitido tantas religiones?

¿Por qué hacernos tan ardua la búsqueda de la verdad en medio de una selva de cultos, creencias, revelaciones, diferentes maneras de fe, que siempre, y aún hoy, crecen en todos los pueblos?


RESPUESTA

Usted habla de «tantas religiones». Yo, en cambio, intentaré mostrar qué es lo que constituye para estas religiones el elemento común fundamental y la raíz común.

El Concilio definió las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas en la Declaración conciliar que comienza con las palabras Nostra aetate («En nuestro tiempo»). Es un documento conciso y, sin embargo, muy rico. Se halla contenida en él la auténtica transmisión de la tradición; cuanto se dice en él corresponde a lo que pensaban los Padres de la Iglesia desde los tiempos más antiguos.

La Revelación cristiana, desde su inicio, ha mirado la historia espiritual del hombre de una manera en la que entran en cierto modo todas las religiones, mostrando así la unidad del género humano ante el eterno y último destino del hombre. La declaración conciliar habla de esa unidad al referirse a la propensión, típica de nuestro tiempo, de acercar y unir la humanidad, gracias a los medios de que dispone la civilización actual. La Iglesia considera el empeño en pro de esta unidad una de sus tareas: «Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra; y tienen también un solo fin último, Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos. [...] Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los recónditos enigmas de la condición humana, que ayer como hoy turban profundamente el corazón del hombre: la naturaleza del hombre, el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el pecado, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte y, finalmente, el último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, de donde procedemos y hacia el que nos dirigimos. Desde la antiguedad hasta nuestros días, se halla en los diversos pueblos una cierta sensibilidad de aquella misteriosa fuerza que está presente en el curso de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces también se reconoce la Suprema Divinidad y también al Padre. Sensibilidad y conocimiento que impregnan la vida de un íntimo sentido religioso. Junto a eso, las religiones, relacionadas con el progreso de la cultura, se esfuerzan en responder a las mismas cuestiones con nociones más precisas y con un lenguaje más elaborado» (Nostra aetate, 1-2).

Y aquí la declaración conciliar nos conduce hacia el Extremo Oriente. En primer lugar al este asiático, un continente en el cual la actividad misionera de la Iglesia, iniciada desde los tiempos apostólicos, ha conseguido unos frutos, hay que reconocerlo, modestísimos. Es sabido que solamente un reducido tanto por ciento de la población, en el que es el continente más grande del mundo, confiesa a Cristo.

Esto no significa que la tarea misionera de la Iglesia haya sido desatendida. Todo lo contrario, el esfuerzo ha sido y es cada vez más intenso. Pero la tradición de culturas muy antiguas, anteriores al cristianismo, sigue siendo en Oriente muy fuerte. Si bien la fe en Cristo tiene acceso a los corazones y a las mentes, la imagen de la vida en las sociedades occidentales (en las sociedades que se llaman «cristianas»), que es más bien un antitestimonio, supone un notable obstáculo para la aceptación del Evangelio. Más de una vez se refirió a eso el Mahatma Gandhi, indio e hindú, a su manera profundamente evangélico y, sin embargo, desilusionado por cómo el cristianismo se manifestaba en la vida política y social de las naciones. ¿Podía un hombre que combatía por la liberación de su gran nación de la dependencia colonial, aceptar el cristianismo en la forma que le era presentado precisamente por las potencias coloniales?

El Concilio Vaticano II ha sido consciente de tales dificultades. Por eso, la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con el hinduismo y con las otras religiones del Extremo Oriente es tan importante. Leemos: «En el hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía; buscan la liberación de las angustias de nuestra condición, sea mediante formas de vida ascética, sea a través de la profunda meditación, sea en el refugio en Dios con amor y confianza. En el budismo, según sus varias escuelas, se reconoce la radical insuficiencia de este mundo mudable y se enseña un camino por el que los hombres, con corazón devoto y confiado, se hagan capaces de adquirir el estado de liberación perfecta o de llegar al estado de suprema iluminación por medio de su propio esfuerzo, o con la ayuda venida de lo alto» (Nostra aetate, 2).

Más adelante el Concilio recuerda que «la Iglesia católica no rechaza nada de cuanto hay de verdadero y santo en estas religiones. Considera con sincero respeto esos modos de obrar y de vivir, esos preceptos y esas doctrinas que si bien en muchos puntos difieren de lo que ella cree y propone, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Pero Ella anuncia y tiene la obligación de anunciar a Cristo, que es ..camino, verdad y vida» (Juan 14,6), en quien los hombres deben encontrar la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios ha reconciliado Consigo mismo todas las cosas» (Nostra aetate, 2).

Las palabras del Concilio nos llevan a la convicción, desde hace tanto tiempo enraizada en la tradición, de la existencia de los llamados semina Verbi («semillas del Verbo»), presentes en todas las religiones. Consciente de eso, la Iglesia procura reconocerlos en estas grandes tradiciones del Extremo Oriente, para trazar, sobre el fondo de las necesidades del mundo contemporáneo, una especie de camino común. Podemos afirmar que, aquí, la posición del Concilio está inspirada por una solicitud verdaderamente universal. La Iglesia se deja guiar por la fe de que Dios Creador quiere salvar a todos en Jesucristo, único mediador entre Dios y los hombres, porque los ha redimido a todos. El Misterio pascual está igualmente abierto a todos los hombres y, en él, para todos está abierto también el camino hacia la salvación eterna.

En otro pasaje el Concilio dirá que el Espíritu Santo obra eficazmente también fuera del organismo visible de la Iglesia (cfr. Lumen gentium,13). Y obra precisamente sobre la base de estos semina Verbi, que constituyen una especie de raíz soteriológica común a todas las religiones.

He tenido ocasión de convencerme de eso en numerosas ocasiones, tanto visitando los países del Extremo Oriente como en los encuentros con los representantes de esas religiones, especialmente durante el histórico encuentro de Asís, en el cual nos reunimos para rezar por la paz.

Así pues, en vez de sorprenderse de que la Providencia permita tal variedad de religiones, deberíamos más bien maravillarnos de los numerosos elementos comunes que se encuentran en ellas.

Llegados a este punto sería oportuno recordar todas las religiones primitivas, las religiones de tipo animista, que ponen en primer plano el culto a los antepasados. Parece que quienes las practican se encuentren especialmente cerca del cristianismo. Con ellos, también la actividad misionera de la Iglesia halla más fácilmente un lenguaje común. ¿Hay, quizá, en esta veneración a los antepasados una cierta preparación para la fe cristiana en la comunión de los santos, por la que todos los creyentes -vivos o muertos- forman una única comunidad, un único cuerpo? La fe en la comunión de los santos es, en definitiva, fe en Cristo, que es la única fuente de vida y de santidad para todos. No hay nada de extraño, pues, en que los animistas africanos y asiáticos se conviertan con relativa facilidad en confesores de Cristo, oponiendo menos resistencia que los representantes de las grandes religiones del Extremo Oriente.

Estas últimas -también según la presentación que hace de ellas el Concilio- poseen carácter de sistema. Son sistemas cultuales y, al mismo tiempo, sistemas éticos, con un notable énfasis en lo que es el bien y en lo que es el mal. A ellas pertenecen ciertamente tanto el confucionismo chino como el taoísmo; Tao quiere decir verdad eterna -algo semejante al Verbo cristiano-, que se refleja en los actos del hombre mediante la verdad y el bien morales. Las religiones del Extremo Oriente han supuesto una gran contribución en la historia de la moralidad y de la cultura, han formado la conciencia de identidad nacional en los habitantes de China, India, Japón, Tíbet, y también en los pueblos del sudeste de Asia o de los archipiélagos del océano Pacífico.

Algunos de estos pueblos tienen culturas que se remontan a épocas muy lejanas. Los indígenas australianos se enorgullecen de tener una historia de varias decenas de miles de años, y su tradición étnica y religiosa es más antigua que la de Abraham y Moisés.

Cristo vino al mundo para todos estos pueblos, los ha redimido a todos y tiene ciertamente Sus caminos para llegar a cada uno de ellos, en la actual etapa escatológica de la historia de la salvación. De hecho, en aquellas regiones muchos Lo aceptan y muchos más tienen en Él una fe implícita (cfr. Hebreos 11,6).


Fuente: Cruzando el Umbral de la speranza
Autor: Juan Pablo II
Catholic.net

domingo, mayo 29, 2005

La solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor y la Piedad Popular


El jueves siguiente a la solemnidad de la santísima Trinidad, la Iglesia celebra la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar.

La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fiesta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios.

Durante siglos, la celebración del Corpus Christi fue el principal punto de confluencia de la piedad popular a la Eucaristía. En los siglos XVI-XVII, la fe, reavivada por la necesidad de responder a las negaciones del movimiento protestante, y la cultura – arte, literatura, folclore – han contribuido a dar vida a muchas y significativas expresiones de la piedad popular para con el misterio de la Eucaristía.

La devoción eucarística, tan arraigada en el pueblo cristiano, debe ser educada para que capte dos realidades de fondo:

- que el punto de referencia supremo de la piedad eucarística es la Pascua del Señor; la Pascua, según la visión de los Padres, es la fiesta de la Eucaristía, como, por otra parte, la Eucaristía es ante todo celebración de la Pascua, es decir, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús;

- que toda forma de devoción eucarística tiene una relación esencial con el Sacrificio eucarístico, ya porque dispone a su celebración, ya porque prolonga las actitudes cultuales y existenciales suscitadas por ella.

A causa precisamente de esto, el Rituale Romanum advierte: "Los fieles, cuando veneran a Cristo, presente en el Sacramento, recuerden que esta presencia deriva del Sacrificio y tiende a la comunión, sacramental y espiritual".

La procesión de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es, por así decir, la "forma tipo" de las procesiones eucarísticas. Prolonga la celebración de la Eucaristía: inmediatamente después de la Misa, la Hostia que ha sido consagrada en dicha Misa se conduce fuera de la iglesia para que el pueblo cristiano "dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento".

Los fieles comprenden y aman los valores que contiene la procesión del Corpus Christi: se sienten "Pueblo de Dios" que camina con su Señor, proclamando la fe en Él, que se ha hecho verdaderamente el "Dios con nosotros".

Con todo, es necesario que en las procesiones eucarísticas se observen las normas que regulan su desarrollo, en particular las que garantizan la dignidad y la reverencia debidas al santísimo Sacramento; y también es necesario que los elementos típicos de la piedad popular, como el adorno de las calles y de las ventanas, la ofrenda de flores, los altares donde se colocará el Santísimo en las estaciones del recorrido, los cantos y las oraciones "muevan a todos a manifestar su fe en Cristo, atendiendo únicamente a la alabanza del Señor", y ajenos a toda forma de emulación.

Las procesiones eucarísticas concluyen, normalmente, con la bendición del santísimo Sacramento. En el caso concreto de la procesión del Corpus Christi, la bendición constituye la conclusión solemne de toda la celebración: en lugar de la bendición sacerdotal acostumbrada, se imparte la bendición con el santísimo Sacramento.

Es importante que los fieles comprendan que la bendición con el santísimo Sacramento no es una forma de piedad eucarística aislada, sino el momento conclusivo de un encuentro cultual suficientemente amplio. Por eso, la normativa litúrgica prohíbe "la exposición realizada únicamente para impartir la bendición".

La adoración eucarística

164. La adoración del santísimo Sacramento es una expresión particularmente extendida del culto a la Eucaristía, al cual la Iglesia exhorta a los Pastores y fieles.

Su forma primigenia se puede remontar a la adoración que el Jueves Santo sigue a la celebración de la Misa en la cena del Señor y a la reserva de las sagradas Especies. Esta resulta muy significativa del vínculo que existe entre la celebración del memorial del sacrificio del Señor y su presencia permanente en las Especies consagradas. La reserva de las Especies sagradas, motivada sobre todo por la necesidad de poder disponer de las mismas en cualquier momento, para administrar el Viático a los enfermos, hizo nacer en los fieles la loable costumbre de recogerse en oración ante el sagrario, para adorar a Cristo presente en el Sacramento.

De hecho, "la fe en la presencia real del Señor conduce de un modo natural a la manifestación externa y pública de esta misma fe (...) La piedad que mueve a los fieles a postrarse ante la santa Eucaristía, les atrae para participar de una manera más profunda en el misterio pascual y a responder con gratitud al don de aquel que mediante su humanidad infunde incesantemente la vida divina en los miembros de su Cuerpo. Al detenerse junto a Cristo Señor, disfrutan su íntima familiaridad, y ante Él abren su corazón rogando por ellos y por sus seres queridos y rezan por la paz y la salvación del mundo. Al ofrecer toda su vida con Cristo al Padre en el Espíritu Santo, alcanzan de este maravilloso intercambio un aumento de fe, de esperanza y de caridad. De esta manera cultivan las disposiciones adecuadas para celebrar, con la devoción que es conveniente, el memorial del Señor y recibir frecuentemente el Pan que nos ha dado el Padre".

165. La adoración del santísimo Sacramento, en la que confluyen formas litúrgicas y expresiones de piedad popular entre las que no es fácil establecer claramente los límites, puede realizarse de diversas maneras:

- la simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario: breve encuentro con Cristo, motivado por la fe en su presencia y caracterizado por la oración silenciosa;

- adoración ante el santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas, en la custodia o en la píxide, de forma prolongada o breve;

- la denominada Adoración perpetua o la de las Cuarenta Horas, que comprometen a toda una comunidad religiosa, a una asociación eucarística o a una comunidad parroquial, y dan ocasión a numerosas expresiones de piedad eucarística.
En estos momentos de adoración se debe ayudar a los fieles para que empleen la Sagrada Escritura como incomparable libro de oración, para que empleen cantos y oraciones adecuadas, para que se familiaricen con algunos modelos sencillos de la Liturgia de las Horas, para que sigan el ritmo del Año litúrgico, para que permanezcan en oración silenciosa. De este modo comprenderán progresivamente que durante la adoración del santísimo Sacramento no se deben realizar otras prácticas devocionales en honor de la Virgen María y de los Santos. Sin embargo, dado el estrecho vínculo que une a María con Cristo, el rezo del Rosario podría ayudar a dar a la oración una profunda orientación cristológica, meditando en él los misterios de la Encarnación y de la Redención.

Extracto del Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia
www.iglesia.org

martes, mayo 24, 2005

María Auxiliadora


En el año 1572 tuvo lugar la famosa batalla de Lepanto, en la cual los cristianos se enfrentaron con los mahometanos que querían invadir Europa y amenazaban con llegar a la misma Roma. El papa Pío V convocó a los Príncipes Católicos a que salieran a defender a sus colegas de religión. Se encontraron los dos ejércitos en el Golfo de Lepanto; el número de barcos y soldados era mucho menor en el lado cristiano. Antes de la batalla, los soldados se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. También en Roma, el Papa, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. Al saberse de la victoria de los cristianos, gracias en parte al viento que cambió de rumbo y que les favoreció, el papa mandó que en adelante cada año se celebrara el siete
de octubre la fiesta del santo Rosario y que en las letanías se rezara siempre esta oración: María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

En el año de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La Santísima Virgen se le había aparecido en sueños a San Juan Bosco pidiéndole que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora. Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos.
Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer a favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen". Aconsejaba San Juan que repitiéramos muchas veces esta jaculatoria "María Auxiliadora, rogad por nosotros".

viernes, mayo 20, 2005

Fiesta de la Santísima Trinidad.


El próximo domingo la Iglesia celebra la fiesta de la Santísima Trinidad. Este es el misterio más sublime y, al mismo tiempo, el más profundo e incomprensible para la razón humana

La fe nos enseña que el verdadero Dios es una Trinidad. En una sola naturaleza divina hay tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estas tres personas, realmente distintas entre sí, son perfectamente iguales, por tener una sola e idéntica naturaleza. Tres Personas distintas en un sólo Dios, como aprendimos en el catecismo.

Las palabras "naturaleza" y "persona", no se toman aquí en el sentido corriente de los términos, sino de acuerdo con el lenguaje filosófico, que es más preciso. La naturaleza o esencia de los seres es aquello que hace que las cosas sean lo que son; el principio que las capacita para actuar como tal (por ejemplo, la naturaleza del hombre es ser animal racional compuesto de alma y cuerpo). La persona, en cambio, es el sujeto que actúa (por ejemplo un hombre concreto con un nombre: Pedro, que actúa de acuerdo a su naturaleza: piensa, quiere, trabaja, etc.). Así es claro que en cada hombre hay una sola naturaleza y una sola persona. En Dios, en cambio, no ocurre así: una sola Naturaleza sustenta a una Trinidad de Personas.

Las tres personas son coeternas. El Padre existe eternamente por la perfección infinita de su substancia y engendra eternamente a su Hijo; el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo como de un principio único.

El entendimiento humano no es capaz de comprender la esencia divina, no puede penetrar en el misterio de la vida íntima de Dios, sólo puede conocer lo que Dios revela y asumirlo con la fe; "Si lo comprendes, no es Dios", dijo San Agustín

Si quisiéramos identificar a la Santísima Trinidad por sus "misiones" en el tiempo, o atribuciones, diríamos que: el PADRE es el Principio de Vida, de quien todo procede. Se le atribuye la Creación. El HIJO procede eternamente del Padre, como engendrado por Él, y asumió en el tiempo una naturaleza humana por nuestra salvación. Se le atribuye la Redención. El ESPÍRITU SANTO es enviado por el Padre y el Hijo, como también procede de ellos, por vía de voluntad, a modo de amor; se manifestó primero en el Bautismo y en la Transfiguración de Jesús y luego el día de Pentecostés sobre los discípulos; habita en los corazones de los fieles con el don de la caridad (Cf. Ef 4,30). Se le atribuye la Santificación.

Este misterio se halla insinuado en el Antiguo Testamento; pero clara y explícitamente enunciado en el Nuevo. Uno de los textos en que se nombra a las tres divinas personas es el relato del bautismo de Cristo. El Padre dejó oír su voz desde el cielo: "Este es mi Hijo muy amado; escuchadle -. El Hijo era bautizado por San Juan. Y el Espíritu Santo descendió en forma de paloma (cfr.Mt.3,17).

Las palabras confiadas por Jesús a los Apóstoles al concluir su misión terrena: "Id y enseñad a toda la gente, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"(Mt.28,19), tienen un significado particular porque han consolidado la verdad sobre la Santísima Trinidad, poniéndola en la base de la vida sacramental de la Iglesia. La vida de fe de todos los cristianos comienza en el bautismo, con la inmersión en el misterio del Dios vivo.

El dogma de la Trinidad ha sido siempre creído por la Iglesia, enseñado por todos los doctores y se halla resumido en esta frase del símbolo de San Atanasio: "La fe católica quiere que adoremos la Trinidad en la unidad y la unidad en la Trinidad, sin confundir a las personas y sin separar la substancia divina".

La fiesta de la Santísima Trinidad nos muestra que nuestro Dios es «don» total al hombre: el Padre se nos regala por Cristo en el Espíritu Santo, urgiendo en el hombre, en cuanto imagen de Dios, a una vida de «don». El cristiano ha de vivir como hijo de Dios, buscando en todo la voluntad del Padre y asumiendo los mismos sentimientos de Cristo, que hizo de su preciosa existencia un «don hasta la muerte y muerte de cruz». Siempre dócil a la acción del Espíritu Santo. Toda vida cristiana se ha de realizar en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, buscando siempre la mayor gloria de la Santísima Trinidad.

«A la Iglesia -a cada cristiano- toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre, a su Hijo encarnado con la continua renovación y purificación propias bajo la guía del Espíritu Santo» (GS 21,5).

Oraciones a la Santísima Trinidad:

Una de las oraciones más antigua y recitada desde los primeros siglos del cristianismo es el Gloria . Basado acaso en el mandato del Cristo: "Bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", fue fórmula de profesión de fe contra las herejías de Arrio (negaba la divinidad del Hijo) y de Macedonio (negaba la divinidad del Espíritu Santo).

Otras oraciones a la Trinidad, que rezamos habitualmente son: el Credo de los Apóstoles y el Símbolo Niceno-Constantinopolitano.

Un antiguo himno de alabanza a la Trinidad es el Gloria a Dios. Compuesto en el siglo II, toma su frase inicial del evangelio de San Lucas (2:14), cuando los ángeles anuncian a los pastores el nacimiento de Cristo. Era recomendado como oración diaria matutina y a partir del siglo V comenzó a formar parte de la Misa.



Gloria a Dios en el Cielo
y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos,
te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias.
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre:
tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros:
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amén.

Verónica Otero
www.iglesia.org

miércoles, mayo 18, 2005

Hace una año también pasaba esto


Hoy hubiese cumplido 85 años


Oremos también por él....

Un año...


Hace hoy un año, me tocaba vivir uno de los días más defíciles y tristes de mi vida...

Hoy, a la distancia, parece que fue ayer. No es un día más y realmente extraño; y, aunque algunas lágrimas rueden por mis mejillas, estoy muy feliz y agradecido que, ante lo inevitable, Dios me halla dado la gracia de transitarlo de la manera más fácil...(al menos para mi)

Paradójicamente, la Frase de Hoy es esta:
Por lo general, lo que pedimos a Dios con nuestro rezo no es que se haga su voluntad, sino que apruebe la nuestra.
(HJB )


Una de las cosas que me ayudaron muchísimo en este tiempo, son sus oraciones y presencia... Para mi fue como seguir en los brazos de mi madre...

Hoy, los voy a molestar una vez más, para pedirles una oración especial por ella (y por mi papá) para que Dios los tenga en su gloria....

Mientras ella, desde su última foto (tomada unos días antes) me sonríe y acompaña...

martes, mayo 17, 2005

XXX Asamblea Ordinaria - CELAM


sábado, mayo 14, 2005

Pentecostés


Con la fiesta de Pentecostés cerramos el ciclo Pascual, es decir, el ciclo de la celebración y reflexión anual del fundamento de nuestra fe: la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pentecostés quiere decir cincuenta días. Recuerda y celebra el misterio que relata el Libro de los Hechos de los apóstoles, de cómo, luego de la ascensión del Señor, los apóstoles tuvieron una honda experiencia del Espíritu Santo en sus vidas. De esa experiencia nació la Iglesia.

Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías; durante esos días, muchos israelitas peregrinaban a Jerusalén para adorar a Dios en el templo. La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés no fue un hecho aislado en la vida de la Iglesia, sino un acontecimiento fundamental. De hecho, Pentecostés, es el aniversario del nacimiento de la Iglesia. Este día marca el comienzo de la Era cristiana. El mensaje de la muerte y la resurrección de Jesús debía ser proclamado a todo el mundo. Para eso los discípulos necesitaban de la presencia del Espíritu Santo, para que les diera valentía, fuerza y sabiduría. El Espíritu Santo sigue trabajando hoy en día: desde el momento en que nacemos; nos da fuerza, valentía y sabiduría para ser a su vez discípulos de Jesucristo.

La gracia de Pentecostés es parte del aspecto esencial del Plan de Dios y del misterio Pascual: por causa del pecado, los seres humanos perdimos esa primordial relación de amistad con Dios. De ahí la necesidad del misterio pascual, del cual forma parte la gracia de Pentecostés. Ésta fue experimentada por primera vez por Jesús, el día de su Bautismo en el río Jordán, como anuncio de lo que iba a venir.

La gracia de Pentecostés es la activación del poder del Espíritu ya recibido en el Bautismo, pero ahora activado y liberado para servir al Reino de Dios; da poder al individuo para actuar en nombre de Jesús en favor del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, y para su fortalecimiento. Es para todos, aunque no todos la reciban.

El papel del Espíritu es santificar y dar autoridad a aquellos que están redimidos y reconciliados, para que puedan ser testigos y sirvan como discípulos de Jesús.

Como creyentes en el Espíritu Santo tenemos el deber de anunciar que Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación. El Espíritu Santo nos mueve a la oración, a la lectura y meditación de la Biblia; es quien nos impulsa al sacramento de la reconciliación, a levantar el corazón a Dios. Debemos frecuentar el trato con el Espíritu Santo, ya que es El quien nos santifica, quien nos acerca más a Dios. El es el protagonista de nuestra santificación.

jueves, mayo 12, 2005

13 de mayo: Nuestra Señora de Fátima


Fátima es otro gesto de amor de la Virgen María hacia nosotros, sus hijos del tercer milenio.
Juan Pablo II estuvo convencido de que Nuestra Señora intervino el 13 de mayo de 1981 para salvar su vida. En el primer aniversario del atentado, Juan Pablo II fue a Fátima para llevar a cabo la consagración de Rusia de acuerdo al mensaje de Nuestra Señora y para agradecerle por salvar su vida. (Leer más)

También los invito a ver el especial preparado por ACI haciendo "click" sobre la imágen

El escudo papal de Benedicto XVI




Ciudad del Vaticano (AICA): El escudo papal de Benedicto XVI, ya terminado, fue presentado por la Santa Sede y se encuentra colocado en el sitio de Internet de la Santa Sede: www.vatican.va .

Según monseñor Andrea Cordero Lanza de Montezémolo, arzobispo italiano experto en heráldica y creador del nuevo escudo papal, "Benedicto XVI eligió un escudo de armas rico en simbolismo y significado, para poner su personalidad y papado en manos de la historia".

viernes, mayo 06, 2005

En el vientre materno

En http://mujer.terra.es/muj/padres/embarazo/vientrematerno/ podemos ver una impresionante película que es un gran argumento provida

En el vientre materno es el primer documental que se introduce en el útero materno para mostrar el embarazo con detalle. Para conseguirlo, combina imágenes ultrasónicas en tres y cuatro dimensiones en color. Con la ayuda de un escáner se consiguen además imágenes mucho más nítidas. Hasta ahora, las imágenes de un feto se habían visto en dos dimensiones y en blanco y negro.

Las imágenes en cuatro dimensiones permiten ver con claridad cómo un feto de entre 11 y 12 semanas se golpea y mueve las piernas en una especie de acto reflejo. A las 24 semanas, el feto ya abre y cierra los ojos, saca la lengua, muestra sus primeras expresiones faciales y experimenta su primer ataque de hipo, con fuertes contracciones del diafragma.

En el último trimestre del embarazo, el escáner en cuatro dimensiones muestra la habilidad de feto para percibir los sonidos, que le llegan a través de los fluidos corporales, y sus reacciones cuando duerme y sueña. Una cámara especial ofrece un curioso punto de vista del futuro bebé al oír música y al escuchar la voz de su madre.

Minicámara en el abdomen

El reportaje En el vientre materno también aborda los embarazos complicados, como el de un feto de 26 semanas operado dentro del útero para corregirle una malformación de la cavidad del diafragma, que podría causarle graves daños en los pulmones e incluso reducir el margen de supervivencia tras el parto. NGC ha filmado toda la operación introduciendo una minicámara de alta definición en el abdomen de la madre.



Publicado por E-Cristians el 2005-05-04

jueves, mayo 05, 2005

Nuevo Link recomendado

Algunas veces es útil navegar por los sitios que recomiendan los Anuncios Google de esta página...

Hoy, por ejemplo, encontré este sitio que, además de recomendarles, agregó a la lísta de vínculos (a la derecha)



Espero les resulte interezante

Bombero con severo daño cerebral despierta luego de 10 años

NUEVA YORK, 04 May. 05 (ACI).-El 30 de abril fue un día histórico para la familia de Donald Herbert, un ex bombero de Buffalo. Luego de haber permanecido en lo que muchos llamaron un persistente estado vegetativo durante casi diez años... Donald sorprendió a todos cuando comenzó a hablar.

En diciembre de 1995 Herbert ayudaba a controlar las llamas de un incendio y de pronto colapsó el techo bajo el que se encontraba. El accidente le produjo un severo daño cerebral y desde entonces no había sido capaz de mantener una simple conversación y tampoco podía reconocer a sus seres queridos.

El sábado, de la nada, preguntó a la enfermera que lo atendía por su esposa e hijos. Momento después, cuando uno de sus familiares le preguntó como se sentía, respondió que “muy bien”.

Los abogados de Terri Schiavo –quien murió luego que una corte ordenara su ejecución por inanición en marzo– señalan que el caso de Herbert es prueba suficiente para demostrar que ella mereció la oportunidad de vivir.

El catedrático de la Universidad de Buffalo, Dr. Michael A. Meyer, manifestó que el caso de Herbert es inusual pero también es bastante alentador. En declaraciones al diario Buffalo News, Meyer indicó que “luego de tantos años es poco común ver un cambio tan dramático”.

Los familiares de Herbert están sumamente sorprendidos y se mantienen cautelosos mientras esperan los resultados de las observaciones de los médicos que atienden al bombero, quienes evaluarán su progreso en las siguientes semanas.

lunes, mayo 02, 2005

Ven, Espíritu Santo!


Intenciones de oración del papa para el mes de Mayo

CIUDAD DEL VATICANO, 1 MAY 2005 (VIS).-La intención general del Apostolado de la Oración del Papa para el mes de mayo es: "Por los perseguidos a causa de la fe y la justicia, para que experimenten el consuelo y la fuerza del Espíritu Santo".

Su intención misional es: "Para que las Obras Misioneras Pontificias, queridas por el Santo Padre y los obispos para la evangelización de todas las naciones, ayuden al pueblo de Dios a sentirse parte viva de la misión "Ad Gentes".

Hoy hace un mes del fallecimiento de Juan Pablo II

CIUDAD DEL VATICANO, 2 MAY 2005 (VIS).-Al cumplirse hoy treinta días del fallecimiento de Juan Pablo II (2 de abril por la noche), Benedicto XVI celebró la Santa Misa a las 7,30 en su capilla privada, en memoria de su predecesor.

Esta tarde, a las 19,00, el Santo Padre visitará en privado las grutas vaticanas para rezar ante la tumba del difunto Juan Pablo II

Mayo: Mes de María



Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?