martes, enero 31, 2006

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2006

CIUDAD DEL VATICANO, 31 ENE 2006 (VIS).-Se ha publicado hoy el Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2006. El texto, fechado el 29 de septiembre de 2005, lleva por título un versículo del Evangelio de San Mateo: "Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas". Sigue el documento íntegro:

"La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua".

"Incluso en el "valle oscuro" del que habla el salmistamientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene. Efectivamente, hoy el Señor escucha también el grito de las multitudes hambrientas de alegría, de paz y de amor. Como en todas las épocas, se sienten abandonadas. Sin embargo, en la desolación de la miseria, de la soledad, de la violencia y del hambre, que afectan sin distinción a ancianos, adultos y niños, Dios no permite que predomine la oscuridad del horror".

"En efecto, como escribió mi amado predecesor Juan Pablo II, hay un "límite impuesto al mal por el bien divino", y es la misericordia. En este sentido he querido poner al inicio de este Mensaje la cita evangélica según la cual "Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas".

"A este respecto deseo reflexionar sobre una cuestión muy debatida en la actualidad: el problema del desarrollo. La "mirada" conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el "proyecto" divino todos están llamados a la salvación. Jesús, ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Con su mirada, Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación".

"La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra "mirada" sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. En efecto, de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. Esto debe subrayarse con mayor fuerza en nuestra época de grandes transformaciones, en la que percibimos de manera cada vez más viva y urgente nuestra responsabilidad ante los pobres del mundo. Ya mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de humanidad. En este sentido, en la encíclica "Populorum progressio" denunciaba "las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo...las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones".

"Como antídoto contra estos males, Pablo VI no sólo sugería "el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de la paz", sino también "el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin".

"En esta línea, el Papa no dudaba en proponer "especialmente, la fe, don de Dios, acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo". Por tanto, la "mirada" de Cristo sobre la muchedumbre nos mueve a afirmar los verdaderos contenidos de ese "humanismo pleno" que, según el mismo Pablo VI, consiste en el "desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres". Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre".

"Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la "mirada" de Cristo. El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa "mirada". Los ejemplos de los santos y las numerosas experiencias misioneras que caracterizan la historia de la Iglesia son indicaciones valiosas para sostener del mejor modo posible el desarrollo".

"Hoy, en el contexto de la interdependencia global, se puede constatar que ningún proyecto económico, social o político puede sustituir el don de uno mismo a los demás en el que se expresa la caridad. Quien actúa según esta lógica evangélica vive la fe como amistad con el Dios encarnado y, como Él, se preocupa por las necesidades materiales y espirituales del prójimo. Lo mira como un misterio inconmensurable, digno de infinito cuidado y atención. Sabe que quien no da a Dios, da demasiado poco; como decía a menudo la beata Teresa de Calcuta: "la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo". Por eso es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo: sin esta perspectiva, no se construye una civilización sobre bases sólidas".

"Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico. Estas obras indican un camino para guiar aún hoy el mundo hacia una globalización que ponga en el centro el verdadero bien del hombre y, así, lleve a la paz auténtica".

"Con la misma compasión de Jesús por las muchedumbres, la Iglesia siente también hoy que su tarea propia consiste en pedir a quien tiene responsabilidades políticas y ejerce el poder económico y financiero que promueva un desarrollo basado en el respeto de la dignidad de todo hombre. Una prueba importante de este esfuerzo será la efectiva libertad religiosa, entendida no sólo como posibilidad de anunciar y celebrar a Cristo, sino también de contribuir a la edificación de un mundo animado por la caridad. En este esfuerzo se inscribe también la consideración efectiva del papel central que los auténticos valores religiosos desempeñan en la vida del hombre, como respuesta a sus interrogantes más profundos y como motivación ética respecto a sus responsabilidades personales y sociales. Basándose en estos criterios, los cristianos deben aprender a valorar también con sabiduría los programas de sus gobernantes".

"No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: "La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una "gradual secularización de la salvación", debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral".

"Teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre todo mal que oprime al hombre, la Cuaresma nos quiere guiar precisamente a esta salvación integral. Al dirigirnos al divino Maestro, al convertirnos a Él, al experimentar su misericordia gracias al sacramento de la Reconciliación, descubriremos una "mirada" que nos escruta en lo más hondo y puede reanimar a las multitudes y a cada uno de nosotros. Devuelve la confianza a cuantos no se cierran en el escepticismo, abriendo ante ellos la perspectiva de la salvación eterna. Por tanto, aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, "fuente viva de esperanza", le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo. A ella le encomiendo, en particular, las muchedumbres que aún hoy, probadas por la pobreza, invocan su ayuda, apoyo y comprensión. Con estos sentimientos, imparto a todos de corazón una especial Bendición Apostólica".

lunes, enero 30, 2006

Revelan el que podría ser el primer milagro del Papa

ROMA, 30 Ene. 06 (ACI).-Durante una entrevista radial, el P. Slowomir Oder, el sacerdote polaco postulador de la causa de Beatificación de Juan Pablo II, reveló lo que podría ser el primer milagro del Papa Wojtyla.

El episodio extraordinario habría ocurrido en Francia en octubre de 2005, según indicó el P. Oder, que trabaja para el Vicariato de Roma, durante una entrevista con la estación Rai Uno de Italia.

La beneficiada fue una religiosa francesa, cuyo nombre no fue proporcionado por el P. Oder; pero señaló que se ocupaba de “niños recién nacidos” y que “sufría la misma enfermedad que era visible en la última parte de la vida de Juan Pablo II” y que no se trata de la cura “inexplicable de un tumor", como se había difundido originalmente, "sino de una enfermedad de Parkinson”.

El P. Oder creó un sitio Internet en seis idiomas para recibir mensajes y testimonios sobre los méritos de Juan Pablo II y los eventuales milagros ocurridos desde su muerte: http://www.vicariatusurbis.org/beatificazione/

miércoles, enero 25, 2006

Benedicto XVI publica primera Encíclica: "Deus caritas est"

VATICANO, 25 Ene. 06 (ACI).-El día de hoy fue publicada la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI, quien bajo el título Deus caritas est expone el tema del amor cristiano, abarcando una reflexión teológico filosófica así como la concretización del amor y la caridad en el mundo de hoy.

"Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él". Con esta cita bíblica de la primera epístola de san Juan Evangelista comienza la Encíclica del Santo Padre, palabras que "expresan el centro de la fe cristiana".

La Encíclica está articulada en dos grandes partes. La primera ofrece una reflexión teológico- filosófica sobre el amor en sus diversas manifestaciones, concretamente eros, philia, ágape; y precisa algunos datos esenciales del amor de Dios por el hombre y de la unión intrínseca que tal amor tiene con el amor humano.

"El término 'amor'- afirma el documento-, una de las palabras más usadas y abusadas en el mundo de hoy, posee un amplio campo semántico. En la multiplicidad de significados, sin embargo, emerge como arquetipo de amor por excelencia el amor entre el hombre y la mujer, que en al antigua Grecia era calificado con el nombre de eros".

Continuando con la explicación del término "amor', el Santo Padre recuerda que "en la Biblia, y sobre todo en el Nuevo Testamento, el concepto de 'amor' es profundizado- un desarrollo que se expresa en la misa al margen de la palabra eros a favor del término ágape, para expresar así un amor oblativo".

Saliendo al encuentro de posibles mal interpretaciones de tal desarrollo, como lecturas negativas del eros y de la corporeidad, la Encíclica destaca que "el eros, puesto en la naturaleza del hombre por el mismo Creador, necesita de disciplina, de purificación y de maduración para no perder su dignidad originaria y no degradar a puro 'sexo', convirtiéndose así en una mercadería".

"La fe cristiana- continua- siempre ha considerado al hombre como ser en el cual el espíritu y la materia se compenetran mutuamente, obteniendo de esto una nueva nobleza. El desafío del eros puede decirse superado cuando en el hombre cuerpo y alma se encuentran en perfecta armonía. Entonces el amor se convierte, si, en 'éxtasis', pero no éxtasis en el sentido de un momento de embriaguez pasajera, mas como éxodo permanente del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en el don de sí, y justamente de este modo hacia el reencuentro de sí, hacia el descubrimiento de Dios: en este modo el eros puede elevar al ser humano 'en éxtasis' hacia el Divino".

Más adelante se lee: "incluso si el eros inicialmente es sobre todo deseo, en el acercarse después a la otra persona se pondrá cada vez menos preguntas sobre sí, buscará cada vez más la felicidad del otro, se donará y deseará 'ser para' el otro: así se inserta en este y se afirma el momento del ágape".

"En Jesucristo, que es el amor encarnado de Dios, el eros- ágape alcanza su forma más radical. En la muerte en la cruz, Jesús, donándose para levantar y salvar al hombre, expresa el amor en la forma más sublime. En este acto de oferta, Jesús ha asegurado una presencia duradera a través de la institución de la Eucaristía, donde bajo las especies de pan y de vino, se dona a sí mismo como nuevo maná que nos une a Él".

"Participando de la Eucaristía, también nosotros somos involucrados en la dinámica de su donación. Nos unimos a Él y al mismo tiempo nos unimos a todos los demás a los cuales Él se dona; convirtiéndonos así todos en 'un solo cuerpo'. De modo que amor por Dios y amor por el prójimo son verdaderamente fusionados. El doble mandamiento, gracia a este encuentro con el ágape de Dios, no es más solo una exigencia: el amor puede ser 'mandado' porque antes ha sido donado".

La práctica de la Caridad

La segunda parte del documento trata en cambio el ejercicio concreto del mandamiento del amor hacia el prójimo. En esta parte se afirma que "el amor al prójimo enraizado en el amor de Dios, además de ser una tarea de cada fiel, lo es también de la entera comunidad eclesial, que en su actividad caritativa debe reflejar el amor trinitario".

"La conciencia de tal tarea- continua la Encíclica- ha tenido una relevancia constitutiva en la Iglesia desde sus inicios. En la estructura fundamental de la Iglesia surge la 'diaconía' como servicio del amor hacia el prójimo ejercitado comunitariamente y en modo ordenado".

El Papa Benedicto XVI hace ver también como "con el progresivo difundirse de la Iglesia, este ejercicio expresa así una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos, servicio de la caridad. Se trata de tareas que se presuponen mutuamente y que no pueden ser separadas una de la otra".

El Papa critica luego la visión utilitaria de la caridad, especialmente en el marxismo, al afirmar que "desde el siglo XIX, fue levantada una objeción fundamental contra la actividad caritativa de la Iglesia: esta estaría en contraposición- se ha dicho- con la justicia y terminaría por actuar como sistema de conservación del status quo. Con el cumplimiento de obras de caridad la Iglesia favorecería el mantenimiento del sistema injusto en acto haciéndolo algo soportable y frenando así la rebelión y el potencial cambio hacia un mundo mejor. En este sentido el marxismo había indicado en la revolución mundial y en su preparación la panacea para la problemática social- un sueño que en el entre tiempo se desvaneció".

Recordando, en esta línea, el magisterio de los Pontífices, "comenzando por la Encíclica Rerum novarum de León XIII hasta la trilogía de Encíclicas sociales de Juan Pablo II (Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis, Centesimus annus)", la Encíclica afirma que ha "afrontado con creciente insistencia la cuestión social, y en el confronto con situaciones problemáticas siempre nuevas ha desarrollado una doctrina social muy articulada, que propone orientaciones válidas más allá de los confines de la Iglesia".

"La creación de un justo orden de la sociedad y del Estado- continua- es tarea central de la política, y por lo tanto no puede ser encargo inmediato de la Iglesia. La doctrina social católica no quiere dar a la Iglesia un poder sobre el Estado, sino simplemente purificar e iluminar la razón, ofreciendo así la propia contribución a la formación de las conciencias, para que las verdaderas exigencias de la justicia puedan ser percibidas, reconocidas y también realizadas. Sin embargo no existe ningún orden estatal que, por muy justo, pueda hacer superficial el servicio del amor".

"El Estado que quiere proveer a todo se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar la contribución esencial que el hombre sufriente necesita: la amorosa entrega personal", advierte además el Papa Benedicto.

La Encíclica hace ver como un efecto colateral de la globalización "se manifiesta en el hecho que la solicitud por el prójimo, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender sus horizontes al mundo entero. Las estructuras del Estado y las asociaciones humanitarias segundan en varios modos la solidaridad expresada por la sociedad civil: se han formado así múltiples organizaciones con fines caritativos y filantrópicos".

"También en la Iglesia católica -sigue el Santo Padre- y en otras Comunidades eclesiales han surgido nuevas formas de actividad caritativa. Entre todas estas instancias es necesario que se establezca una colaboración fructífera. Naturalmente es importante que la actividad caritativa de la Iglesia no pierda la propia identidad disolviéndose en la común organización asistencial y convertirse en una simple variante, sino que mantenga todo el esplendor de la esencia de la caridad cristiana y eclesial".

Para que la Iglesia mantenga la esencia de la caridad cristiana, Su Santidad hace referencia a la necesidad de:

  • "basarse en la experiencia de un encuentro personal con Cristo, cuyo amor ha tocado el corazón del creyente suscitando en él el amor por el prójimo".

  • "debe ser independiente de partidos e ideologías. El programa del cristiano es un corazón que ve. Este corazón ve donde hay necesidad de amor y actúa en modo consecuente".

  • "no debe ser medio en función de aquello que hoy es indicado como proselitismo. El amor es gratuito; no es ejercitado para alcanzar otros medios.

    "Pero esto no significa que la acción caritativa deba, por así decir, dejar a Dios y a Cristo de lado", advierte el Pontífice. "El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es justo callar y dejar hablar solamente al amor. El himno a la caridad de San Pablo debe ser la Magna Carta de todo el sercito eclesial para protegerlo del riesgo de degradar en puro activismo".

    Oración en la acción

    Hacia el final de la Encíclica el Santo Padre recuerda la importancia de la oración. "Frente al secularismo que puede condicionar también a muchos cristianos comprometidos en el trabajo caritativo, es necesario reafirmar la importancia de la oración".

    "El contacto vivo con Dios -dice el Papa- evita que la experiencia de la desproporción de la necesidad y de los límites del propio actuar puedan, por un lado, llevar a la persona a la ideología que pretende ahora aquello que Dios, por cuanto parece, no consigue, o, por otro lado, ser tentación para ceder a la inercia y a la resignación".

    "Quien reza no pierde su tiempo, incluso si la situación parece impulsar únicamente la acción, no pretende cambiar o corregir los planes de Dios, sino que busca- bajo el ejemplo de María y los Santos- de buscar en Dios la luz y la fuerza del amor que vence toda oscuridad y egoísmo presente en el mundo", concluye el Pontífice.

    Lea la Encíclica del Papa en su versión íntegra: http://www.aciprensa.com/Docum/benedictoxvi/documento.php?id=77

  • martes, enero 24, 2006

    Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación

    CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2006 (VIS).-Se ha publicado hoy, festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el primer mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el 28 de mayo de 2006, sobre el tema: "Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación".

    Siguen extractos del mensaje anual, que se ha publicado en italiano, inglés, francés, alemán, español y portugués.

    "Los avances tecnológicos en los medios han conquistado en cierta medida tiempo y espacio, permitiendo la comunicación tanto instantánea como directa, aun cuando las personas están separadas por enormes distancias. Este desarrollo presenta un potencial enorme para servir al bien común. (...) Diariamente se nos recuerda que la inmediatez de la comunicación no necesariamente se traduce en la construcción de la cooperación y la comunión en la sociedad".

    "Iluminar las conciencias de los individuos y ayudar a formar su pensamiento nunca es una tarea neutral. La comunicación auténtica exige valor y decisión radicales. Requiere la determinación de aquellos que trabajan en los medios para no debilitarse bajo el peso de tanta información ni para conformarse con verdades parciales o provisionales. Por el contrario, requiere tanto la búsqueda como la transmisión de lo que es el sentido y el fundamento último de la existencia humana, personal y social. De esta forma, los medios pueden contribuir constructivamente a la propagación de todo lo que es bueno y verdadero".

    "El llamamiento a los medios de comunicación de hoy a la responsabilidad, a ser protagonistas de la verdad y promotores de la paz, supone numerosos desafíos. Aunque los diversos instrumentos de comunicación social facilitan el intercambio de información, ideas y entendimiento mutuo entre grupos, también están teñidos de ambigüedad. (...) Algunas tendencias dentro de los medios engendran una forma de monocultura que oscurece el genio creador, reduce la sutileza del pensamiento complejo y desestima la especificidad de prácticas culturales y la particularidad de la creencia religiosa. Estas distorsiones se dan cuando la industria de los medios se reduce al servicio de sí misma o funciona solamente guiada por el lucro, perdiendo el sentido de responsabilidad hacia el bien común".

    "Así pues, se debe garantizar siempre una información precisa de los eventos, la explicación completa de los hechos de interés público y la presentación justa de los diversos puntos de vista. La necesidad de sostener y apoyar la vida matrimonial y familiar es de particular importancia, precisamente porque se relaciona con el fundamento de cada cultura y sociedad. En colaboración con los padres, los medios de comunicación y las industrias del espectáculo pueden ayudar en la difícil pero altamente satisfactoria vocación de educar a los niños, presentando modelos edificantes de vida y amor humanos.

    "Para que la presencia y la percepción de los medios de comunicación sean positivas, deseo reiterar la importancia de las tres condiciones indicadas por mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, y que son necesarias para el servicio que esos medios deben prestar al bien común: formación, participación y diálogo".

    "La formación en el uso responsable y crítico de los medios ayuda a las personas a utilizarlos de manera inteligente y apropiada. (...) Precisamente porque los medios contemporáneos configuran la cultura popular, deben superar toda tentación de manipular, especialmente a los jóvenes, y tratar, por el contrario, de educar y servir. De este modo, protegen en vez de erosionar el tejido de la sociedad civil, tan valioso para la persona humana".

    "La participación en los medios deriva de su misma naturaleza: son un bien destinado a toda persona. Como servicio público, la comunicación social requiere un espíritu de cooperación y co-responsabilidad con escrupulosa atención en el uso de los recursos públicos y en el desempeño de los cargos públicos, incluyendo el recurso a normas de regulación y a otras medidas o estructuras diseñadas para lograr este objetivo".

    "Finalmente, los medios de comunicación deben aprovechar y ejercer las grandes oportunidades que les brindan la promoción del diálogo, el intercambio de conocimientos, la expresión de solidaridad y los vínculos de paz. De esta manera ellos se transforman en recursos incisivos y apreciados para la construcción de la civilización del amor que toda persona anhela".

    "Estoy convencido de que un serio esfuerzo para promover esas tres condiciones, redundará en beneficio del sólido desarrollo de los medios como una red de comunicación, comunión y cooperación, ayudando a los hombres, mujeres y niños. Esto facilitará que los medios presten más atención a la dignidad de la persona humana y a que sean más responsables y abiertos a los demás, especialmente a los miembros más necesitados y débiles de la sociedad".

    El Papa termina recordando las palabras de San Pablo: "Cristo es nuestra paz". "En él somos uno. ¡Rompamos juntos los muros divisorios de la hostilidad y construyamos la comunión de amor según los designios que el Creador nos dio a conocer por medio de su Hijo!".

    domingo, enero 22, 2006

    Invitación


    El párroco de la Iglesia Catedral de Lomas de Zamora, Basílica de Ntra. Sra. de la Paz, tiene el agrado de invitar a Ud/s a la inauguración de la muestra retrospectiva histórico-religiosa "Un pueblo con vocación de paz" que se realizará en el marco de las celebraciones por el centésimo cuadragésimo aniversario de la creación de la parroquia Ntra. Sra. de la Paz.

    El sencillo acto inaugural se realizará el día 24 del corriente, en los salones del futuro Museo de la Catedral, Saenz 438, sede catedralicia, a las 17.00 Hs.
    La muestra permanecerá abierta hasta el 31 de Enero, en el horario de 9.30 a 11.30 y 16.30 a 19.00 hs.
    Así mismo, luego, a las 19 hs. Monseñor Agustín Radrizzani, Obispo diocesano, presidirá la Santa misa en la plaza Grigera, realizándose además una procesión por las calles de nuestra ciudad, para culminar con una fiesta popular.

    Saluda a Ud/s muy atte.:
    Presbítero Jorge Vázquez



    Les cuento otra vez que se trata de mi iglesia Catedral. Además, el curador de la muestra es un amigo (casi hermano) mío y padrino de Matías, mi hijo mayor

    viernes, enero 13, 2006

    Encuesta acerca del Valor de la Vida

    Confusión entre los católicos

    Existe una grave confusión acerca del Valor de la Vida en la mente de los católicos, ocasionada por la falta de formación doctrinal, la desinformación y la información desviada que muchas veces se presenta en los medios de comunicación.

    Ante casos reales como el de Terry Schiavo o los casos que se presentan en películas como "Mar Adentro" y "The one million dollar baby", los católicos no se sienten seguros de sus criterios y no saben hacia dónde pronunciarse.

    Ante esta situación, el Consejo de Bioética de la Comisión Episcopal Mexicana, iniciará durante los próximos meses una campaña para ayudar a nuestros fieles católicos a clarificar su conciencia sobre algunos temas relacionados con la vida que hoy están confusos.

    El primer paso para esta campaña es realizar un sondeo entre los católicos, para valorar el grado de conocimiento y aplicación de la doctrina, ante temas como la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.

    Lo invitamos a responder a la encuesta que se ha elaborado con este fin y enviarla a todos sus amigos y conocidos. Las respuestas son totalmente anónimas y confidenciales y no le tomará más de un minuto responderla.

    La encuesta la pueden encontrar en el siguiente enlace:
    http://es.catholic.net/valordelavida

    Agradezco su tiempo y cuente con mis oraciones,
    Fuente: Consejo de Bioética de la Conferencia Episcopal Mexicana - Catholic.net
    Autor: Emilio Planas Fernández